lunes, 14 de octubre de 2013

Faros


Faro del castillo El Morro. Foto del autor
Alguna vez pregunté a un grupo de mis estudiantes si sabían que era un faro, uno levantó la mano y mientras se ponía de pie expresó: - algo que todos debemos tener. Otra chica, de las que se sientan al final, una de esas "...lindas, delgadas, de buen vestir, de mirada esquiva y de falso reir." agrego en tono burlón:-¡siii!- y todos nos dimos cuenta que no tenía la menor idea de qué hablabamos o lo había confundido con algo que posiblemente gravitara en su mente arribista.
Es triste que haya gente viva, o suponga que vive, sin saber qué es un faro. Creo que la culpa no es de tener o no salida al mar, porque un faro, esas tremendas torres que se han alzado a través de los años en las costas o cerca de ellas para guiar las embarcaciones y con su potente luz indicar lo agresivo de arrecifes cercanos o que un banco de arena le espera para barar la embarcación, puede estar lo mismo cerca del mar que en lo alto de una montaña, ya que un faro va en nuestras mentes, indicandonos el camino, guiando los pasos a seguir.
De todas formas la historia de los faros es apasionante, desde el de Alejandría, una de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo, pasando por el de Carapachibey en el extremo sur de la Isla de la Juventud en el archipielago cubano, los faros romanticos o llenos de misterios de las peliculas americanas, los melodramaticos de las argentinas y los tantos y tantos faros regados por el mundo, olvidados, destruidos, reconstruidos o en pleno funcionamiento, siempre nos reflejan una imagen de soledad o sugieren aislamiento propicio para la meditación.
Dicen que ya los faros no tienen fareros, faroleros, o como se les llame a sus guardianes, esa gente que escogió vivir en medio de aquella soledad para rutinariamente encender la potente luz  al anochecer y apagarla cuando los rayos del sol comienzan a iluminar la gran masa azul de agua. Actualmente la tecnología ha sustituido a muchos de ellos, que solos o con su familia iban a reinar en aquellas torres de paredes circulares  llenas de historia y encanto.
Siento muchas veces la ausencia de  un faro, es la sensación lógica de un costero que fue a parar a un país mediterraneo. Extraño, entre cientos de cosa, la luz girando del faro de El Morro, paseandose en su intermitente y nocturna ronda por los viejos edificios habaneros, sosteniendolos en su inminente caida, o simplemente alumbrandolos.






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