sábado, 2 de enero de 2021

La vida de nosotros

 

                            


                                                                         …el miedo nunca es inocente.

                                                                                                                            Joan Manuel Serrat

No siempre es necesario ver una película de terror para aterrorizarse. A veces no es imprescindible observar en la pantalla horribles monstruos, fantasmas o crueles asesinos en serie para sentir miedo. Yo sentí miedo, mucho miedo cuando por primera vez vi hace algunos años, y ayer también, al volver a ver la película La vida de los otros.

El filme dirigido por el aleman Florian Maria Georg Christian Graf Henckel von Donnersmarck, quien no por tener un nombre tan largo fue capaz de resumir en poco más de dos horas un largo y horrendo periodo de represión en la desaparecida Republica Democrática Alemana por parte de su ministerio de Seguridad del Estado conocido como Stasis, digno sucesor de la Gestapo hitleriana y fiel ejemplo seguido por dictaduras aún vigentes en varias partes del mundo.

No es mi intensión contar la película pero si recomendarla a quienes no la hayan visto, a quienes no han sentido o sientan miedo de ser espiados, de hablar en voz baja, de pensar, de temer ser delatado, traicionado por un vecino, un amigo, incluso por alguno de sus más seres queridos.

Por eso a veces menos que entender, compadezco algunos compatriotas quienes afirman llenos de terror u oportunismo, que es peor - yo no me meto en política, o no quiero hablar de política. Entonces me pregunto, ¿acaso todo no es política en Cuba?¿No es política decir  en la complicidad del susurro -tengo hambre o esto está malo? 

Hemos olvidado que los mismos represores o la continuidad que los reemplaza nos decía y todavía dicen amenazantes que tener un botón de la camisa desabotonado, escuchar música en inglés o hasta en español interpretada por quienes no estaban de acuerdo con ellos era porque teníamos problemas políticos. ¿No era un grave problema político ser homosexual, religioso o mantener correspondencia con algún familiar en el extranjero?¿No será un problema político ver, apreciar y entender La vida de los otros?

Yo pienso que todo es político, hasta pedir recargas para los teléfonos y pronto para pagar la factura de la electricidad de quienes no quieren saber de politica. Estoy curioso por saber si esas personas que no quieren saber de política son capaces de retirarse de las reuniones en sus trabajos, en el CDR o apagan la televisión cuando hablan de política y argumentan que no quieren saber de eso. 

Aunque como dije anteriormente, les compadezco porque con la ferocidad que conlleva la debilidad de un sistema obsoleto, muchos ojos y oídos en cualquier parte que estemos, acechan la vida de nosotros, aunque no quieran saber de politica.

 

domingo, 27 de diciembre de 2020

Madrid entre tantas cosas.

 

Fotos del autor

Cuando el avión sobrevoló tierra por A Coruña creí sentir el olor a España, a la España que dejaron mis abuelos para nunca volver. Tal vez fue porque llegué a la llamada Madre Patria pasando primero por aires gallegos, de cualquier forma fue una agradable sensación en mí adentro arribar a una parte de mis raíces.

Me esperaba un Madrid frío, con mucha lluvia pero con una alegría que no se esconde de nadie, el Madrid bohemio de calles estrechas, el Madrid de Sabina en Tirso de Molina, a la sombra de un león, en las Cibeles mirando el Banco Central mientras calculaba que podía ser posible ver al taxista que pasaba y quedé mudo ante tanto encanto, el Madrid de fastuosas iglesias doradas. Allá me esperó Goya y sus colegas por el Museo del Prado, Ronaldo en el Santiago Bernabeu, Paquirri y una buena tanda de mataores en la Plaza de Toros, La Colmena de Don Camilo Cela en la también fría ciudad de postguerra y dictadura, Ana y Víctor en el sudor de una melodía por la Puerta de Alcalá.

Allá también encontré después de tantos años amigos de donde fue mi niñez, que espero no tener que volver a nacer y ser niño para verles otra vez.

Mis ojos no podían correr a la fuerza de atracción de su belleza y fueron pocos los días para poder disfrutar, oler y acariciar aquella hermosa ciudad repleta de gente por doquier como aprovechando el tiempo, previendo sin aún conocer del mal temporal que como una buena parte del mundo la dejaría aislada y dolida.

La guardé como antigua amante en una poesía y por si versos y recuerdos en tan llena mente pudieran extraviarse, también a Madrid entre tantas cosas, la escondí en fotografía.

 




Casi al terminar de redactar este post me llega la agradable noticia del nacimiento en Madrid de mi primera nieta. Para ella, Sofía, tomo prestados estos versos del gran poeta Antonio Machado:

Españolito(a) que vienes

al mundo te guarde Dios.