domingo, 11 de agosto de 2013

Cambiando de teatro pá bolero



 
Alberto Oliva
El pequeño apartamento de Alberto Oliva está detenido en el tiempo, como recordándonos que se ubica en un barrio de La Habana, esa hermosa ciudad que no anda, que no crece ni decrece, sino languidece.
Mientras hago un recorrido con la mirada por sus paredes, se disculpa por la humedad que las acecha, todavía prevalece el color blanco desafiando al verde del musgo que intenta adornarla. Los cuadros casi son los mismos, aquellos que le dieron alegría en los años 70 y ochenta y hoy solo sirven para resaltar la nostalgia: varios afiches, en realidad recortes de fotografías publicadas en la revista Polonia de aquellos tiempos, una foto del Che Guevara,  más adelante para tapar el vacío de otros, que me confesó que los quitó porque se cansó de creer en ellos, algún que otro recuerdo de un amigo ya alejado hace un buen tiempo. Después el andar de mi mirada se detiene en la ventana que nos separa del mundo por una reja  metálica en forma de pequeños rombos, donde el sol aun desafía los pregones de vendedores intentando a cada rato perturbar nuestra conversación.
Es enero de 2013 y la temperatura es típica del invierno habanero donde no se suda pero tampoco hay que ponerse abrigo. Para que no interrumpan la conversación Oliva conecta la contestadora automática a su teléfono, algo inútil porque su dinamismo incansable hace que no deje de atender cuanto mensaje llega de cantantes afónicos, humoristas complicados con otras presentaciones o músicos que no podrán llegar a la hora pactada para comenzar el espectáculo. Con precisa habilidad le da solución al momento, señalándome que eso es algo rutinario.
Siempre que converso con Alberto Oliva (¿quién no?) el tema principal es el teatro, indudablemente es un gran conocedor de este género, sobre todo en Cuba, donde dedicó más de 45 años de su vida como actor y productor a la prestigiosa compañía Teatro Estudio, por ese motivo comencé la conversación hablando de esa manifestación artística.

OL: ¿Cómo vez el teatro cubano en la actualidad? 
AO: Esa una pregunta algo difícil porque yo me he desvinculado un poco del teatro. Pero creo que  se está haciendo una programación variada, llena de búsqueda, de  gente joven, porque la gente joven tiene una participación en la escena y están haciendo una serie de trabajos que pueden ser  interesantes. Habría que ver hasta qué punto se consideran jóvenes  Carlos Celdrán y Raulito Martín, para mí lo son y son a mi criterio los creadores más importantes en estos tiempos del teatro en Cuba. 
Yo siempre hablo también de gente de experiencia como José Milian, se están pasando cosas muy buenas de él como “El gordo y el flaco”, Las criadas y “Esperando a Godot”,  creo que sí, que se están haciendo cosas buenas. 
El teatro cubano tiene la tradición de los buenos actores que es de lo que adolece en la actualidad, la actuación, la dirección actoral, porque la escuela de Vicente (Revuelta) ósea de Teatro Estudio, que fue también la de Roberto Blanco, Berta Martínez, Estorino y Héctor Quintero. Se nota esa ausencia, no hay  referente de grandes directores, a veces se sobrevaloran  cosas que para mí no tienen un gran significado.
También confío en Carlos Díaz porque es una gente que considero que tiene talento, mucho talento. Creo que en general  el teatro cubano tiene talento para seguir adelante y seguir haciendo lo que hace, uno no puede ponerse a pensar que si  los sesenta, que si los ochenta, estamos viviendo en otra época, en otro momento con otro concepto, con otras valorizaciones estéticas. Hoy en día hay una gran cantidad de muchachos graduados del Instituto Superior de Arte (ISA), dentro de las artes escénicas que salen y van a hacer su trabajo social y dentro de los grupos teatrales hay gente con mucho talento. El paso de los años será lo que dirá si son buenos o malos, si se pueden parar al lado de un actor como Reinaldo Miravalles, Vicente Revuelta o Roberto Blanco, de esa gran lista de actores cubanos. Creo que sí, que lo pueden lograr y lo van a hacer.
La formación de actores por parte del ISA es una fuente inagotable para el teatro, con los defectos que pueda tener, que yo pienso que son muchos sobre todo en la dicción, la pronunciación, la proyección del actor hacia afuera y el nivel actoral, hay muchos fallos, pero en fin son gente joven que se están desarrollando y tiene por delante un largo camino para lograr el objetivo que se tracen.
OL: Hace ya unos años te hice una extensa entrevista para la revista Artimaña, me hablaste mucho del teatro cubano y tu experiencia en Teatro Estudio cuando recorrieron una buena parte del mundo incluyendo Moscú, hace poco leí sobre el director ruso Yuri Luvimov, quien aun está muy activo y sé que tuviste alguna experiencia de trabajo con él, ¿me puedes hablar de eso?
De Luvimov puedo decirte poco porque su presencia en Cuba fue muy corta. Él donó casi toda la técnica de luces que se utilizaron para "Los diez días que estremecieron al mundo", supervisó lo de las columnas de luces y la cortina hecha también de luces que daban al espectáculo una magia preciosa.  
Nosotros estuvimos en El Teatro Taganka que era el lugar de trabajo de él. Aún no habían inaugurado la nueva instalación que le estaban construyendo. Tuve la oportunidad maravillosa de asistir a un ensayo de "Crimen y castigo", nunca olvidaré el derroche de imaginación y técnica utilizada en ese espectáculo apuntalada  por grandes actuaciones.
Cuando Luvimov se enteró de que Teatro Estudio estaba en Moscú tuvo la deferencia de invitarnos a un ensayo, cosa que jamás hacía. Sólo nosotros sin ningún acompañante. Nunca se me olvida el escándalo, a lo Vicente, que le dio a la primera actriz por algo que hizo durante el ensayo.
OL: Una de las curiosidades que he tenido en esta visita a La Habana es conocer cómo está la televisión, que fue uno de los medios en que más incursioné aquí, pero he tenido poco tiempo, por eso quisiera conocer un poco tu apreciación de la televisión cubana en la actualidad.
AO: No soy gente de televisión, pero buen espectador, por eso te puedo decir que la televisión cubana no está en su mejor momento porque hay un gran grado de chapucería en muchos programas que yo digo que no tienen razón de ser. Aquí se hizo muy buena televisión durante los años 50  y después durante los 80 que hubo un desarrollo creciente de la televisión, pero cuando llegó el famoso "periodo especial", eso cayó en un hueco del cual no acaba de salir. Hay mucha programación enlatada, sobre todo americana que no tengo nada en contra de ella pues es de primera línea, pero me parece que hay exceso de musicales, si hacemos un recorrido por los canales están poniendo musicales, musicales, musicales y digo si a mí no me interesan los musicales, quiero ver otra cosa.
También en este medio hay gente joven haciendo cosas interesantes, he visto cosas como programas cortos, cuentos, video clip etc. que son buenos, pero la televisión tiene que educar y entretener, pero no entretener por entretener, tiene que educar entreteniendo y el producto que presenta tiene que ser atractivo para que la gente lo consuma. Creo que se les está yendo la mano en poner cosas chabacanas y vulgares, tanto la radio como la televisión, eso se está tratando ahora de cuidar porque llegó a niveles insostenibles y ya te digo tiene que ser formativa y educativa entreteniendo.
 
Alberto Oliva y el autor
OL: Hay un dicho muy cubano que dice cambió de palo pá rumba, en tu caso yo diría cambió de teatro pá bolero, cuéntame cómo ha sido eso.
Esta nueva etapa en mi vida primeramente es una motivación económica, yo lo  hice primeramente por Héctor Quintero, que dirigía el centro de espectáculos nocturnos "Dos Gardenias" y me pidió que trabajara con él y lo hice pues éramos como hermanos. Conocí un mundo que para mí no tenía que ver con la disciplina del teatro, con el mundo del teatro, te digo que la disciplina entró a Dos Gardenias conmigo, yo llevé allí la disciplina de trabajo del teatro junto con Héctor Quintero. Me acuerdo que el primer día que llegué Héctor era el presentador y a las 11 y 25 le dije - quedan cinco minutos - y a las ocho y media le dije - es la hora de empezar- me miró y me dijo: - ohhh, pero nunca se opuso a mi estilo de trabajo. Una vez se fue de vacaciones a Miami y dijo - sé que dejo a Dos Gardenias en buenas manos porque dejo a una persona que tengo plena confianza en él.
Desde el punto de vista de mi experiencia allí, hubo una etapa que fue muy rica porque cuando yo llegué estaban Lino Borges, Fernando Álvarez, Manolo del Valle, Roberto Sánchez, María Elena Pena, Elizabeth de Gracia, Mundito González, Ela Calvo, los mejores cantantes de bolero de este país, pero desgraciadamente las cosas cambian, Héctor Quintero dejó de trabajar ahí y a mí me tocó un momento difícil  que era lo de meterse en ese proyecto desde el punto de vista artístico como productor y enfrentar, como se dice ahora, nuevas  vertientes y sacar el proyecto hacia adelante porque había caído en un hueco. Fue muy difícil y me es difícil todavía tratar de que se asimile que salvar el bolero, salvar la cultura nacional, salvar el patrimonio de la nación es muy importante, un país sin tradición no es un país y el bolero forma parte de la música cubana, como el son, la guaracha, como forman parte las creencias religiosas de las tradiciones. Creo que muchos de los problemas que tiene el país es haber acabado con las tradiciones que eran importantes en esta nación, que forman parte de su cultura. Pero en este momento lo que quiero decir es que los graves problemas míos allí, ha sido entender. Recuerdo cuando yo trataba de entenderlos a ustedes que eran mucho más jóvenes que yo, pero tenía criterios que se avenían a los criterios de ustedes y siempre he tenido esa dicha, allí en Dos Gardenias he estado trasladándole ideas a los jóvenes, enseñándoles que el bolero es importante, que la música cubana es importante y no es solo la balada, que no es solo la salsa o el regetón, que todo eso se puede hacer en su momento y lugar, pero que lo primero que hay que hacer es lo cubano, lo autóctono y me ha costado trabajo. Ayer por ejemplo hablaba con Maiko de Armas y me decía: - Oliva ya no soy el Maiko que llegué aquí hace unos  años. Pero en ocasiones tropiezo con los criterios de los boleristas clásicos, que no es que no estén de acuerdo que eso se haga, ellos están de acuerdo que sean esos jóvenes quienes lo releven.
Creo que puede haber grandes, pero no como Celia Cruz. Hay artistas que sentaron pautas como Olga Guillot, Elena Burke, Benny Moré y puede que hayan otros que puedan, llegar pero nadie sustituye a nadie, yo creo que Mundito, Manolo del Valle,  Héctor Téllez, son insustituibles, pero hace falta que surjan nuevos artistas, nuevos cantantes, por eso interesan los muchachos jóvenes. En fin yo creo que el bolero en Cuba en este momento no está bien, el ministerio de cultura está haciendo todo un gran trabajo para rescatar todo el género cubano y la cultura en general.
Yo creo que lo que ha hecho con el bolero Luis Miguel, lo que hizo ahora Eliades Ochoa, con el Granmy que le dieron por un disco de boleros, en Cuba hace mucho que los grandes boleristas no hacen un disco ni Manolo del Valle, ni Cary de Castro, que es una señora cantante, tampoco Santiago García, Debía hacerse una antología con boleros por ellos, pero con criterios más contemporáneos porque no podemos seguir tratando el bolero con una visión museable, como si fuera en los años 50, hay que hacerlo contemporalizado, como puede hacer Maiko. Coco Freman, uno de nuestros mejores cantantes, nos dijo una vez que había que desempolvar el bolero, que había que hacer un gran espectáculo, con pantallas, luces, bien llamativo.
OL: ¿Piensa en el retiro Alberto Oliva o tiene planes para el futuro?
AO: De jubilación nada, de planes muchos, entre ellos seguir trabajando como asesor en las salas teatrales Raquel Revuelta y  Adolfo Llauradó y en el Centro de Investigación con un museo de las artes escénicas que se va a crear, y en la música dar mi vida porque se salga de la mediocridad, de la chabacanería y que se trabaje con buen gusto en la música, la calidad de los textos, que se pueda volver a la canción de texto, la canción que hacía Cesar Portillo de la Luz, José Antonio Méndez, Marta Valdés. No estamos viviendo las mismas épocas, pero la vulgaridad y la chabacanería no se pueden ensalzar, hay que combatirlas, porque si las ensalzamos nunca vamos a salir del lodo.




sábado, 27 de julio de 2013

Lo que debo a Rusia

 
Cartel de la pelicula "Moscú no cree en lágrimas" de Vladímir Menshov

Buscando entre revistas, cuando niño, encontré una de mis favoritas, la de ya desde entonces prescripta Selecciones del Reader´s Digest: Era una vieja publicación de los años cuarenta donde hallé entre sus paginas un articulo titulado "Lo que no sabemos de la URSS". Mi adolescente mente, calentada por la guerra fría, no entendía que una revista "tan imperialista" pudiera mencionar las virtudes de la Unión Soviética y su pueblo. Pedí ayuda al respecto a mis mayores y las respuestas fueron diversas:- eso sería durante la Gran Guerra Patria cuando ellos eran aliados de los soviéticos -dijo el marxista; - bah los rusos lo único que saben hacer es hierro y mierda- afirmó el cerrajero de carros- mientras que el carpintero planteaba con voz calmada - no se si son buenos o malos, solo se que son comunistas.
A pesar de las diferentes opiniones desde aquel momento tuve la impresión de que los rusos no eran tan malos como lo pintaban en un bando, ni tan tiernos e ingenuos como lo imponían otros. Los rusos, que por cierto era poco más que una herejía llamarlos así por aquellos tiempos(teniamos que decirles soviéticos), eran solamente hombres y mujeres, seres humanos metidos dentro de un sistema que nos lo vendían vestidos de pantalón negro y camisa de manga larga blanca, con el cabello cortado a lo militar, heroicos y solidarios, pero sobre todo socialistas.
Aunque entre amigos mostraba mi simpatía a Robert Fisher frente a Boris Spaski en el llamado match del siglo, tenía que ocultarla frente al resto de la humanidad por temor a ser acusado de penetración ideológica a pesar de que nunca dudé de la valía de los ajedrecistas soviéticos, sin dudas los mejores. También por temor a la intolerancia, que siempre nos ronda de algún lado, ocultaba en algunos círculos de amigos mi afición por películas  rusas, perdón soviéticas, como las de Tarkovski, Kalatasov o la literatura de Tolstoi y Dostoiefki, por solo citar algunos y muy pocos ejemplos.
Más adelante cuando tuve que compartir junto a ellos, siendo yo muchas veces quien solo hablaba español y ni una gota de su idioma, entre tantos "bolos" como le decíamos a escondidas por temor a un regaño al menos, pude comprobar que eran como nosotros, solo un poquito más rubios, más toscos, y menos olorosos, pero esto último me imagino que era porque no tenían "desodorante de tubito o colonia Fiesta".
Esta “cuerda” ruso-soviética me vino a la mente cuando después de una charla con un amigo que estudió varios años en Odesa, este me pidió que escribiera para su blog (http://carlosmolinasoto.blogspot.com.es/2013/07/un-amigo-de-la-infancia-escritor-poeta.html?spref=fb) a lo que yo alegué en otro post suyo que surgió al respecto:
"Al margen de todas aquellas consignas ideológicas, Rusia, y los pueblos que antes constituyeron "ese vasto espacio para soñar y vivir", es un país inmenso no solo por su extensión territorial, sino por todo lo que ha aportado a la humanidad. El tiempo de su himno es muy corto para que quepan sus grandes hombres desde Puskin a Eisenstein, de Mijail Tal a Karpov, de Zukov a Gagarin, en fin de tantos y tantos hombres y mujeres que han sabido estar a la altura de esa nación. Aunque no la he visitado en varios de mis escritos aparecen los personajes en sus lugares reales o ficticios, ya que escuchaba tanto de ellos que los llegué a imaginar. He conocido a muchos rusos y te aseguro que ninguno de ellos ha coincidido con ese estereotipo de bárbaro despiadado que le dan algunas películas, aunque como en todo tiene que haber de los malos. En fin me gustó mucho tu publicación y una vez más ha avivado el sueño de alguna vez visitar Rusia (por cierto los cubanos no necesitamos visa para entrar a ese país), y como bien dices, en silencio homenajear a todos esos que de una forma u otra, de uno u otro lado e ideología, indudablemente han forjado esa gran nación."
Creo que debo ser justo y  decir que le debo, en alguna parte de mi formación también a Rusia, lo confieso.


domingo, 30 de junio de 2013

Pensando y fotografiando


"Esteban". Foto Gianella López Muñoz
Meses antes, a la distancia de miles de kilómetros, ya habíamos planificado el encuentro que en aquel momento creí bastante poco probable, ya que desplazarse de Pinar del Rio a La Habana no es fácil, pero qué puede ser obstáculo para un cazador de molinos como lo es el fotógrafo Esteban Díaz Montesinos, maestro no solo de la imagen sino de la vida, de esa vida matizada con la aventura de trasladarse de un lugar a otro en Cuba, mediante “botella”, encima de camiones ancestrales, autos nacidos antes de la segunda mitad del siglo XX, carretones tirados por viejos caballos, o simplemente bastando con sus piernas, cuando de equipaje solamente lleva una cámara fotográfica y el tremendo deseo de atrapar en una imagen la huella que deja la vida. Por eso cuando me anunció que ya estaba en la capital no me asombré y tampoco al marcharse, de verlo meterse en la oscuridad perene de la noche habanera con su costosa cámara, prolongación de su anatomía, asegurando de que nada malo le podría pasar.
Apenas llegó y la entrevista se viró al revés pues la mayoría de las preguntas las hacía él, pero al fin, cuando mi hija terminó de hablar por teléfono con sus amigas y mi pequeña sobrina durmió a sus muñecas, pude comenzar a preguntarle acerca de algunas curiosidades que logré acumular en un buen tiempo desde la última vez que nos vimos y lograr más o menos la conversación que  aparece a continuación.

OL: ¿Cómo tú logras reflejar la realidad urbana y campesina actual de Cuba, sin caer en algo parecido con aquella corriente conocida como realismo socialista en las artes?
ED: Yo estaba convencido que me ibas a hacer esa pregunta y vine preparado para eso. Mira tú que eres un conocedor de mi trabajo desde hace años, yo antes era un gran observador de lo que pasaba, pero lo que ocurre ahora es que me ubiqué dentro de esa realidad, entonces prácticamente me estoy haciendo autorretratos, estoy retratando mi vida, muchas cosas de las que yo hago, exceptuando los paisajes, son situaciones que yo he vivido. Aquella imagen del señor que está sentado en el muro del malecón mirando el cielo, con aquel aislamiento, yo me he sentido  solo y aplastado….ese era otro yo, entonces lo que hago es observar la realidad más espiritual, más profundamente, no tan solamente figurativa, sino buscarme, buscarme, mi fotos son autobiografías.
El gran río. Esteban Díaz Montesinos
OL: Te lo digo porque hace unos años, ya casi 10, me dijiste que no podías salir a fotografiar la gente que pide limosna o escarba en los basureros, porque caerías en lo mismo del realismo socialista.
ED: Los limosneros, personas en la cuerda floja de la sociedad, existen en todas partes, yo prefiero retratar a la  persona por dentro, cómo es esa persona, cómo convive, cómo piensa como persona y no como pordiosero. Así me he podido meter dentro de muchos personajes y he ido cambiando poco a poco.
Hombre duro de bregar y poco ganar. Esteban Díaz Montesinos
OL: Entonces ¿qué influyó en tu obra?
ED: Yo hice cosas allá por los años ochenta y pico, que después de estudiar fotografía me di cuenta que lo habían hecho en los años 20, en los años 30, pero creo son coincidencias, pienso que los artistas tenemos muchos intereses en común y existen muchos puntos de coincidencia que pueden ser tendencias, modismos, corrientes filosóficas, como se le quiera llamar. Pero preocupados por las personas en la cuerda floja y la problemática social, han estado todas generaciones de grandes maestros italianos, franceses, americanos, cubanos, que se han dedicado a reflejarlo en sus obras. Y no es que no me interesen como sociedad, pero quiero meterme más como individuo, si te das cuenta en mi fotografía siempre hay un individuo que lleva el protagonismo, es el principal, el leivmotiv de la imagen, aunque siempre está todo en un contexto, él es quien motiva que sea así.
En un momento me di cuenta que me estaba retratando a mí mismo. Me acuerdo cuando entré en La Habana, en los años ochenta, como todo fotógrafo joven me atrajo toda esa arquitectura con todo desbaratado y lleno de historia que tanto le ha atraído a tanta gente. Pero yo no soy de La Habana, no conocía eso, sin embargo cuando vi a personas en situaciones que yo me he visto implicado o que viven una vida aislada o que me interesan simplemente, me motivó. Mira yo tengo varias historias, por ejemplo una es “Gente de mi pueblo” e “Historias cotidianas”. El primero me dediqué a hacer retratos de personas. “Historias cotidianas” es lo que me está pasando a mí y le está pasando a todo el mundo, pero visto desde el punto de vista del ser humano y no del contexto, lo que está del ser humano no tal o más cual problema social, porque en cualquier sociedad siempre hay problemas, yo estoy seguro que no hay sociedad perfecta y el día que exista será la más aburrida el mundo.
De la serie "Historias cotidianas". Esteban Díaz Montesinos
OL: Me llama mucho la atención en tus fotografías el pavimento, las sombras duras proyectándose en él, lo siento caliente, tú lo has buscado...  
ED: Es que yo he caminado mucho viendo mi propia sombra delante de mí, yo he caminado cientos y cientos de kilómetros aquí en La Habana y en todos lados y me acostumbré a ver mi sombra delante de mí, es como si yo la persiguiera.
Modelo para un turista. Esteban Díaz Montesinos
OL: ¿Faltaba alguien? ah, faltabas tú en tu foto.
FE: Yo soy el observador y tengo que convertir mi imagen en espectador en los primeros planos, en mis fotos hay un escenario y un primer plano vacío, ese se supone que sea yo y también el observador, el tipo que está, ahí que está mirando para mí, para quien sea.
Como cansados. Esteban Díaz Montesinos
OL: Me llama la atención una de tus fotos, donde hay un hombre debajo de un puente de una carretera, entonces ese puede ser tú, porque esos puentes son lugares eternos de los cubanos para abordar cualquier tipo de transporte que nos lleve al destino…
 ED: Yo he dormido debajo de los puentes.
Puente sobre...la espera. Esteban Díaz Montesinos .
OL: Tocas insistentemente el tema de la tercera edad en tu fotografía, ¿qué simbolismo tiene si es que le das alguno?
ED: Son elementos que…mira, mi primera modelo fue mi abuela, siento una inmensa atracción por las personas mayores, porque la persona que yo más he querido en el mundo y más me ha querido ha sido mi abuelita. En muchas personas de la tercera edad he visto modos, maneras de mi abuela, son personas que hay que querer, que por su edad tiene una vida vivida y por eso tienen más vivencias y cosas que aportar. Yo estoy haciendo la caratula de un libro que se llama “Nostalgia”, de un pinareño que se llama Luis Remedios, yo no me inundo de nostalgias pero siempre los ancianos están llenos de nostalgia, son recuerdos, y escoger la imagen para la portada para ese libro no duró ni un minuto, menos de un minuto, 30 segundos y le dije al autor, mira es esta, me dijo: -esa misma y porqué la escogiste.- porque yo he pasado por eso.
Recuerdo a un señor que vivía en un hogar de ancianos y cuando yo pasaba por allí conversábamos y me hacía la historia de su vida, yo lo veía en las mañanas fumando un cigarrito y proyectando la sombra y me hacía la historia de su vida todo eso lo llevo conmigo.
Amarrao al recuerdo. Esteban Díaz Montesinos
OL: Ah, sigues con la sombra.
Yo tengo una foto que hice hace años y en una exposición surgió esto de la sombra, no lo inventé yo, yo no tengo memoria para imitar aunque si muchas vivencias, lo de la sombras viene del Renacimiento, bueno, en una exposición una vez un pintor le preguntó a otro pintor amigo mío que si yo estaba imitandolo, él le dijo: -  yo creo que no le hace falta imitar a nadie y las sombras esas son más viejas y tan locas porque son muy dramáticas. Eso está desde hace muchos siglos, hasta los comienzos del cine en el expresionismo alemán, acuerdate de El Gabinete del doctor Caligari.
¡Ayuda¡¡¡. Esteban Díaz Montesinos
OL: Lo de la tercera edad pudiera ser algo así como un anticipo o un temor….
ED:  No, no, macho, tú sabes que he estado varias, muchas veces al lado de la muerte y no le tengo absolutamente ningún miedo, yo he vivido gracias a Dios profunda e intensamente, tú me conoces hace años, mira ahora soy un tipo que no bebe alcohol, que llevo una vida lo más cerca de la paz. Imagínate,  yo que solo me enrollo como un alambre de púas, verbalmente no tengo que buscarme los líos porque solo me caen, yo no tengo que preocuparme de los problemas porque ellos saben donde yo vivo y vivo tranquilo porque yo he quemado las etapas de mi vida, bien quemadas, achicharradas de tal manera que no tenga que volver allí porque de eso no quedó nada, todo el mundo quisiera vivir la vida eterna, pero cuando te tocó te tocó y ya me voy acostumbrando a ese pensamiento de que es aburrido vivir tanto,así que no tengo miedo de la vejez.
Juan, Pedro, Osvaldo.... Esteban Díaz Montesinos
OL: Despenalizado, ¿porqué despenalizado?
ED. Yo hice un compromiso con mi generación, nosotros tuvimos que escuchar la música de  Los Beatles y  de otros, que a alguien se le ocurrió que era diversionismo ideológico, lo oía o en la WQAM,  prácticamente escondido en el parque de Pinar de Rio, como lo hicieron muchos cubanos de nuestra generación y después de un momento a otro le hicieron hasta un homenaje, y del dólar, había que andar con ellos escondidos, era como andar con cabezas de seres humanos dentro de los bolsillos. En un lapso de tiempo  vienen y ni te dicen me equivoqué y con una varita mágica se le acabó el pecado, a Lennon, a Los Beatles, se le acabó el pecado al dólar y quise hacerle un homenaje porque los habían despenalizado.

Despenalizado. Esteban Díaz Montesinos
OL: ¿Qué pasó el día de la foto, hubo algún contratiempo?
ED: Pasé un poco de trabajo pues en ese tiempo no existían las cámaras digitales, era 2001, 2002, cogí un dólar, le hice una fotocopia grande, lo pegué en un cartón  y vine de Pinar del Rio al Parque John Lennon, preparé la situación y hubo su contratiempo siempre, pero hice la imagen. La presenté en un salón de arte, la obra no obtuvo ningún premio pero la satisfacción fue que la galerista me dijo: - Esteban,  siempre hay grupo de personas interesados por tu obra. Ese fue el premio y solo hice dos copias, una la tienes tú y otra la tiene otro fotógrafo  que al igual que tú la tiene colgada donde quiera que vaya.
WANTED. Foto del autor
OL: Como fotógrafo ¿cómo imaginarías un encuadre y una composición de  la Cuba actual?
ED:  Filosofar de política es un poco difícil  y filosofar de realidad es más terrible todavía, yo vivo aquí en Cuba, he tenido que formar mi caparazón, no de doble moral, pero sí de dedicarme a la fotografía y a las cosas que me atan a la vida, indudablemente han existido algunos cambios, pero adónde vamos a parar, eso no sé, sí sé de dónde venimos, pero creo que el futuro es impredecible y pende de un hilo.
Empujando la historia. Esteban Díaz Montesinos
OL: Quiero centrarme más a la cuestión social, cultural, si tuvieras que hacer una fotografía ¿cómo encuadrarías y compusieras esta realidad cubana?
ED: Si nos vamos a referir a la cultura hay inmensos logros, la cultura cubana anda bien alto por el mundo,   hay muchos logros personas inmensamente profundos, la cultura cubana tiene influencia fuera de nuestro país,  pero creo que a la vez también se ha perdido mucho la identidad nacional, ya no se escucha  un bolero, buena música. El cine, todo el arte se ha convertido en intercambio de dinero, ya hacer las cosas como  arte profundo,  como producto de tu conciencia no existe,  muy pocas personas hacen su obra, muchos priorizan vender su trabajo para resolver sus problemas y necesidades que aprietan mucho. No voy mucho al teatro voy a veces por compromiso a hacer fotografías, si sé como está la música y las artes plásticas.
El heredero. Esteban Díaz Montesinos
OL: ¿Cómo ves las artes plásticas?
ED: Perdimos alcurnia en las artes plásticas, como en muchas cosas, como nosotros mismos comercializamos nuestras obras  a través de terceras personas, a veces lo que recibes no es nada, ni un tercio del precio final, no tenemos galerías en Pinar del Rio,   solo venta de suvenir para turistas y así tenemos que hacer porque  no hay manera de  vivir si no comercializas tu obra.
Por ejemplo, yo tuve el empeño con Ulises Bretaña y Humberto Hernández Martínez (el negro), dos artistas plásticos de mi provincia, de hacer una exposición, de regalar nuestra obra en una exposición que costó mucho sacrificio de nuestros ahorros, aunque contamos con mucho apoyo también, pero realmente no hay manera de vivir si no comercializas tu obra y ni hay revistas especializadas en arte.
El rincón de las promesas. Esteban Díaz Montesinos
 OL: ¿Que significación tiene Pinar del Río para Esteban y que significación tiene Esteban para Pinar del Rio?
ED: ¿Yo para mi pueblo…? Para mi Pinar del Rio y La Habana son dos lugares idénticos, los paisajes de Pinar del Rio y el centro de La Habana me hacen sentir muy bien, son dos lugares que yo amo inmensamente, yo he estado viviendo fuera de Pinar del Rio y he regresado a veces de muy lejos para estar sólo veinte minutos en el Valle de Viñales y después he vuelto adonde estaba, que podían ser cientos de kilómetros. Yo quisiera el día que muriera que sembraran una palma encima de mí, porque los palmares, las sierras, las ceibas, esas sombras que proyectan los palmares por las mañanas o por las tardes como en esta época del año, me imagino que no existe en ninguna parte del mundo.
Ronda guajira. Esteban Díaz Montesinos
OL: ¿Qué hay o qué queda de aquel Flaco Esteban que hace algunos años inspiró un personaje surrealista, que volaba rompiendo la ley de la gravedad? ¿Existe, ya no queda nada de él o todavía está ahí?
ED: A mí los años me han hecho madurar, porque si no ya no existiese, tú sabes cuántas cosas han pasado en mi vida, yo sigo pensando igual pero más profundo, lo mismo pero más amplio, he dejado cosas que me hacían daño y he conocido cosas que me han hecho más llevadera la vida, porque si no ya fuera historia.
Romantico y a pie. Esteban Díaz Montesinos
OL: ¿Sigues pensando y fotografiando o pensando nada más?
ED:  No, pensando y fotografiando, hace poco hice un trabajo con los barquitos de papel, primero lo pensé y luego lo hice, pero realmente estoy dejando que las cosas me sorprendan en la calle o más bien que me encuentren muchas cosas, otras nó, porque tampoco voy a estarme buscando líos por todos lados, pero me encuentro muchas situaciones donde veo personas en sus sentimientos más íntimos, en sus profundidades, en sus cosas y entrar en filosofías más profundas, pero ná que convivir con esas personas y ver lo que me ofrecen, lo que me regalan, sus personajes que nos regalan a todo el mundo.
¿Porqué el canario amarillo tiene el ojo tan negro? Esteban Díaz Montesinos
 OL: Entonces ¿tú crees que el tema de esta entrevista o esta conversación pudiera ser pensando y fotografiando?
ED: Ya, puede ser.
Una historia tiene su fin. Esteban Díaz Montesinos