No me adapto a que diciembre sea uno de los meses más calurosos del año, algo así como el julio del hemisferio norte, debe ser por eso que una vez me pareció algo ridículo ver a un Santa Claus o Papá Noel con todos sus atavíos invernales invadiendo esta cultura. Los niños querían fotografiarse junto al bondadoso personaje que entre exclamaciones, gritos y llantos terminó desmayándose por el intenso calor cruceño de casi 40ºc, al que habían agregado un sinfín de bombillos incandescentes, en el parque de la Cooperativa Rural de Electricidad donde anualmente se realizan festividades por la Navidad, y he ahí mi asincronía. Para ese festejo, aunque apenas lo conocí antes de llegar aquí, estaba muy ligado a la nieve o al menos al frío. Más el sur también existe o tal vez es el norte si lo vemos desde esta antípoda posición, todo está desde dónde se vea, aunque el asunto de la calurosa Navidad poco a poco lo he ido asimilando.
Lo que si no llego a entender es el festejo de Halloween o la Noche de brujas. Esta celebración de calabazas huecas acompañadas de todo tipo de monstruos y fantasmas llegó hace pocos años pugnando por quedarse, llevándose la mayor tajada en esto los comerciantes que no disciernen de cultura a la hora de ganar. Entrar a un supermercado y toparse con brujas, máscaras y calabazas junto a todo tipo de disfraces y artefactos para infundir terror es lo más común por estos días.
Me parece más cercano el festejo mexicano por el "Día de los muertos", que el Haloween norteamericano heredado de los celtas a través de sus inmigrantes irlandeses.
Afortunadamente la mayoría de las personas de aquí más que reprobarlo opinan que es una cosa que nada tiene que ver con sus costumbres y a pesar del "empuje" de los medios y la publicidad comercial, no se lo toman en serio. No siempre faltan algunos trasnochados o tal vez confundidos que festejan como si fuera algo muy arraigado, de mucha clase, queriéndolo imponer a los demás y por supuesto contando con el apoyo de ciertos mercaderes que no escatiman en vender calabazas huecas para aumentar sus arcas.
Me uno al gran coro de voces de bolivianas y bolivianos que reprueban este tipo de festejo tan alejado de nuestras culturas, esperando que con el tiempo se olvide y no sea más que algo pasajero. Que Hallowen con sus brujas y monstruos plásticos sea solo un recuerdo que nos alertó a que no nos metieran por los ojos el pavo relleno para comer en familia el cuarto jueves de noviembre celebrando el Día de Acción de Gracias, aunque no me opongo a que la gente festeje lo que desee, aunque sean calabazas huecas
Algunas veces en mi rebeldía de adolescencia llegué a querer tener otra familia. Siempre me decían: - la familia no se escoje, es lo que le tocó a uno y ya. Pero yo en aquellos tiempos prefería haberla escogido.
Sin embargo a esta etapa de la vida me doy cuenta de mi errada conducta, mis familiares son y han sido únicos, realistas y surrealistas a la vez; amables, rebeldes y respondones que nunca dudaron en criticar a veces a viva voz y otras en susurro a cuanto gobierno totalitario y/o corrupto ha manchado nuestra tierra.
No obstante la cuestión política nunca ha sido su fuerte, aunque si esa maravillosa irreverencia en su vinculo con la música, mi familia siempre ha sido muy musical y es raro que no haya producido ningún músico famoso aunque en uno de esos antológicos velorios mi abuela criolla (la otra era gallega) me presentó al sonero Felix Chapottin como un pariente lejano, pero pariente al fin. Lo más original en este aspecto ha sido eso de cambiar la letra a las canciones, cosa muy común entre mis familiares y me viene a la mente el caso de mi primo Manolo quien sustituyó la letra de la internacionalmente "Guajira Guantanamera" de Joseito Fernandez por aquello de ..aguanta la vela, María aguanta la vela..., claro está, de alguien le venía pues Tirso mi tío, locutor, productor y hombre orquesta en varias emisoras radiales de la capital y sobre todo amante de la música y fervoroso admirador del catalán Joan Manuel Serrat lo hacía en reiteradas ocasiones y entre varios ejemplos está la canción "Cuando me vaya" que no solo creyó él sino nos hizo creer a muchos que la letra en uno de sus versos decía "...y a la grupa de enterrar mi chalupa, qué blanca vela peinará el mar ...", cuando en realidad decía era: "...y a la grupa del terral mi chalupa de blanca vela peinará el mar..." Años después se lo corregí justificandole que tal vez lo había escuchado así debido a las deficiencias de los equipos de sonido de aquel tiempo y le puse ya en un CD de optima calidad la referida canción, asintió convencido, después me miró diciendo: - efectivamente es como dices pero debe ser una versión moderna pues la original lo que canta es ...a la grupa de enterrar mi chalupa...
En otra ocasión y tal ves por su adicción a esa infusión también varió la letra de una de las canciones del artista catalán, fue con "Tiempo de lluvia", que culminaba según él, solicitando "...haz el café, ven y siéntate". A mi en realidad me gustaba más su versión aunque originalmente Serrat entonaba: " ...acércate, ven y siéntate". Así era, incluso afirmaba refiriéndose a "Pequeños Detalles", hermosa canción de Sarita Santana interpretada por su entrañable amiga Elena Burke, que en uno de sus fragmentos decía " susurrar: - las estrellas -, cuan sublime oración", yo le corregía que en realidad era" susurrar frases bellas cuan sublime oración," pero seguía parado en sus trece hasta que la fraterna polémica llegó a Elena quien sonriente allá en el balcón de su apartamento en la calle Linea con vista al mar, se la cantó como todos asegurabamos. Quedó convencido, lo que no dudo es que intentara convencer a la Señora Sentimiento que como él decía era más poético aunque tuviera que cambiar otra parte de la letra anterior donde también se menciona a las estrellas.
No me quiero extender mucho en el tema, es muy particular, pero no puedo terminar sin comentar lo que me motivó a esto y fue mi sobrino Pablo, ahora un joven pero que siendo un niño fue sorprendido entonando la famosa canción de Agustin Lara "...Acuerdate de Acapulco María Bonita, María del alma..."Pablito con sus 5 años dio un brusco giro a la letra cantando: "... Acuerdate de Acapulco María Moñito..."
Esa ha sido y es mi familia, tal vez con problemas auditivos pero con marcada vocación poética, ahora estoy convencido que si existiera un mercado por caro que fuese donde "oferten familias" sin dudas que escogería la mía, la que me toco.
Fotos y caricatura tomadas de Internet, Canción "Cuando los ángeles lloran" del grupo Maná
"No debemos, sin embargo lisonjearnos demasiado de nuestras victorias
humanas sobre la naturaleza. Esta se venga de nosotros por cada una de las derrotas que le
inferimos. Es cierto que todas ellas se traducen principalmente en los resultados previstos y
calculados, pero acarrean, además, otros imprevistos, con los cuales no contábamos y que, no
pocas veces, contrarrestan los primeros […]”.
Friederich Engels. Dialéctica de la Naturaleza
Dudo que cuando Engels escribió la cita anterior, existieran movimientos ecologistas ni partidos Verde, la naturaleza aun era tan virgen, tan poco vilipendiada que su visionario escrito parecería más bien una locura. Pero estamos ya entrados en el siglo XXI donde los crímenes contra la ecología, el medio ambiente o la "Pacha Mama", como cacarean en foros internacionales esos mismos políticos que hoy no dudan en causarle heridas profundas, es algo cotidiano incluyendo a esta parte del mundo que es Bolivia.
Esta vez le toca al Territorio Indigena Parque Nacional Isiboro Sécure, conocido por las siglas TIPNIS. Se ha previsto y hay una empecinada idea de partirlo en dos con una carretera que si bien pudiera traer prosperidad a los territorios que enlazará, seguramente el impacto ambiental y más importante el social será incalculable y mucho mayor que los beneficios. Esto es lo reclaman los indígenas de esa región y mucha gente que los apoyan de corazón, por eso marchan y han sido reprimidos por la policía de forma indiscriminada y brutal. Hombres, mujeres y niños han marchado y marchan durante casi dos meses para que la proyectada carretera no se convierta en una mancha que con el nombre de prosperidad traiga despojos, colonización, desforestación y muchas calamidades más en nombre de la “civilización".
No quería escribir sobre este tema, lo veía muy abusado por partidarios y detractores. Ambos bandos han hecho de este su bandera política, algunos de forma sincera, otros con evidente dosis de hipocresía. Me he preguntado si está marcha hubiera ocurrido 8 años atrás ¿de qué parte estarían los simpatizantes y en qué lado andarían los antagonistas? Seguramente en lados contrarios a los que se encuentran muchos de ellos hoy.
Creo, y no solo como ser humano que ama la naturaleza, sino que comprende, como lo avizorara Engels siglos atrás, que es una necesidad imperiosa preservarla. Por eso no puedo eludir unirme a las voces que exigen a quienes en este caso tienen la gran responsabilidad de evitar una mancha en el mapa de TIPNIS, que eviten que esa mancha se propague a sus conciencias y a la obediencia de sus seguidores.
"Quiera Dios que en esta tierra que no tengamos otro Chico Mendes, ni el silencio cómplice de un Collor de Mello"
Sería bien soñador intentar eso, ni en un millón de imágenes se podría representar La Habana. Esa mágica ciudad que reverdece belleza en medio de ruinas y olvidos, solo se puede imaginar en el corazón de cada habanero, de cualquier otra parte de la isla o del mundo que la sienta. Allá, frente al mar nos espera a todos sin distinción, con sus cañones de alegría, sus fortalezas blindandonos contra lo malo y sobre todo con esa alegría que no pierde. Se lo asegura un habanero que la extraña.
A esa soda pequeña de un cuarto de litro, la más económica, la que vale menos, le llaman mini. Pero no es a esa mini a la que quiero referirme, es a un niño que tal vez para alguna gente valga menos que una mini soda, o tal vez ni eso.
No es todavía un niño de la calle, pero se me hace que lo podrá ser en cualquier momento porque allí pasa la mayor parte de su amplio tiempo. Nunca ha asistido al colegio, en cambio desde muy temprano lo vemos deambular por el recién instaurado pavimento del barrio en que vivo, casi siempre descalzo y muchas veces con la suciedad acumulada de varios días sin ocuparse de su aseo.
Mini sobrevive en un pequeño y caluroso cuarto que no resiste. Anda y desanda por las calles alimentándose de lo que consiga o con lo que pueda comprar de lo que gana cuidando (y si tiene suerte) lavando autos, trabajo nada fácil pues el inclemente sol y a veces las bajas temperaturas no creen en niños desamparados. Tampoco otros niños de igual condición que defienden a golpe de harapo y cuchillo con la más tierna violencia, su espacio para ganarse unas monedas en esas mismas labores.
No sé si será lo peor o lo mejor pero Mini no habla, apenas dice algunas palabras mal articuladas, una discapacidad que seguramente un especialista en logopedia resolvería en poco tiempo. Digo que quizás es lo mejor porque si hablara creo tampoco lo escucharían como pasa con miles de Mini que deambulan por las calles y canales de esta “prospera ciudad”.
Aun así ríe, casi siempre anda regalando su sonrisa a la vida que tan mal lo trata, es solidario y no duda compartir lo poco que tiene incluyendo su natural inteligencia y su inocente picardía con los demás.
Tal vez Mini es mucho más, una señal que no quieren ver los políticos, los hipócritas y los egoístas (casi siempre son lo mismo), de que tiene una deuda conla humanidad.
Algunas veces he tenido pesadillas relacionadas con mis épocas juveniles, he soñado que estoy aun en la beca, la escuela al campo o el servicio militar, esas las clasifico como pesadillas de encierro. Otras veces mis sueños se derivan a que estoy en algún examen de química o análisis matemático que no puedo resolver, respondiendo a la clasificación de traumas académicos. Además ocasionalmente llegan algunas como que camino desnudo por las calles o estoy perdido en mi antiguo barrio de madrugada. Explicar eso no sería tarea difícil para un psicologo, posiblemente diagnosticaría que son un reflejo de la realidad o un trauma de la niñez y hasta yo alguna vez traté de acercarme a eso del psicoanálisis a través de un cortometraje que es lo más que podía hacer.
Pero algo me está ocurriendo, estoy previendo una futura pesadilla. Cada vez que miro al frente y veo la misma imagen de "mi calle", mi calle que no es mia y creo que tampoco es de nadie, aunque a menudo oigo consignas atribuyéndosela a alguien. Mi calle aburrida, a veces desierta y los fines de semana bullendo de alegría en las "chicherías" donde los taxistas van a dejar las ganacias de su caótico andar por esta ciudad.
La visión de mi calle no es mucha: una casa pintada de blanco con un antiestetico cartel diciendo prohibido parquear, que nadie respeta sobre todo los domingos, cuando a causa de la demanda del cercano restaurante, todo el panorama se inunda de autos para felicidad de los chiquillos que descalzos acuden a "cuidarlos" por alguna moneda. Un poco a la derecha de la prohibición algunos símbolos con un número 5 en su interior, que según los vecinos identifica a una pandilla de jóvenes famélicos que dicen inspiran terror, aunque por ellos solo siento lastima. A continuación sobre un descarnado muro de ladrillos se anuncian mosaicos al tiempo que por el asfalto caliente flota tranquila a merced del viento, una deshecha bolsa de plástico recordandonos que alguna vez fue algo más que nada.
Del otro lado de la calle: un canal que solo es feliz cuando llueve y sus aguas estancadas procedentes de un mercado a escasa distancia siempre delatan su presencia con el caracteristico olor. Al borde de la avenida, con intervalos de 5 metros plantaron palmeras que sirven de limite entre el canal y la calle, ahora parecen dormidas, esperando un aguacero para reverdecer, denotar su función y al menos con su presencia atenuar la precipitada de autos conducidos por ebrios que en más de una ocasión han ido a dar a las sucias aguas del canal.
Mi calle a ratos se anima y en algunas noches hasta pasa lentamente una lujosa limusina Hummer repleta de quinceañeras, veinteañeras y hasta sesentañeras (también añeros), que dudo querrán mirar mi calle, pero si no dudan en sacar sus vanidosas cabezas para que les vean y admiren los de mi calle.
Así es esta, mi calle de ahora donde lo mismo circula una rustica carreta tirada por un enérgico caballo que un auto último modelo resplandeciendo de lujo. En fin no es más que una calle como todas, a pesar que está pronosticada para aparecer en mis futuras pesadillas.
Todas las estaciones donde aparezcan niños olvidados o a punto de serlo son en cierta formas similares, ya sea Estación Central do Brasil o Estación Habana.
Después de ver la película Habanastation del director Ian Padrón me quedó un gusto a la Cuba verdadera, ya había leído varios comentarios, opiniones que algunas no coinciden entre sí, pero con la clarificante luz de la pluralidad para que podamos valorar mejor lo que nos ofrecen.
No pienso hacer una critica cinematográfica aunque tampoco puedo pasar por alto que la película tiene apreciables valores. Conjugar las actuaciones de consagrados del nivel de Luis Alberto García quien a cada momento merece un aplauso, con la de los niños, adolescentes y demás experimentados actores puede parecer una tarea fácil, pero desde el momento del casting hasta el último - corten - es algo bien complejo, sin embargo a mi criterio, fue logrado. La fotografía de forma explicita nos muestra todo lo que necesitamos ver: la vida en los barrios marginales, esta vez Zamora (tan cerca de mi Cocosolo), desnuda, sin afeites ni pinturas para la ocasión, la vida de la gente que allí habita, esa gente que casi nunca sale en entrevistas de Cubavisión, CNN o Telesur, la gente de la mayoría, los que no solo no saben qué es un Play Station sino que nada más tienen un pan para comer al día y hasta se muestran dispuestos a compartirlo con esa "minoría" (curiosamente también oculta), la zanja donde corren las aguas albañales, aquella donde se tira cualquier cosa y que pese a la suciedad y el mal olor las vemos corriendo o estancadas apoyando poeticamente la triste imagen de la marginalidad. Me pareció muy adecuado el ritmo de la película con la historia que se cuenta, lo que se traduce en una buena edición de mano del amigo Pepito Lemuel. La música, bueno de la música en una película cubana jamás he escuchado o leído un comentario desfavorable desde que nuestro cine empezó a ser sonoro y esta película tampoco lo merece.
En realidad no quería hacer una valoración artística, se que la mayoría de quienes me leen no han tenido la oportunidad de ver el filme aludido, más recordé un profesor de cine quien nos decía que nunca debíamos decir tal película me gustó o no, debíamos valorarla, por eso mejor digo que Habanastation me tocó. Me tocó tanto la forma de vivir de ambos adolescentes, los contrastes entre los que tienen y esa gran masa que no cada vez más extendida. Me tocó la forma de hablar que no excluye a la "nueva clase social", porque aún tienen que mezclarse con "los pobres" en la misma escuela, aunque directivos y profesores sepan discernir quién es quién. Y sobre todo me tocó la historia del padre de Carlos, preso por matar en una pelea a otro hombre que ofendió a su abuela en una cola, me tocó porque recordé que desde niño cuando ya existían las colas, las mujeres de mi familia prohibieron de forma terminante y por todos los tiempos que los hombres, incluyendo los que todavía no habían nacido jamás se portaran por una cola.
Habanastation me suena como una alarma, una alerta a recordar o mejor a reconocer que en un futuro tan cercano como el presente los Carlos, los integrantes de las pandillas de La Timba, Zamora o cualquier barrio marginal de nuestra Cuba no sean simplemente Los Olvidados.
Mucho antes de leer la novela "Los Inmorales" de Carlos Loveira ya tenía formada mi prematuramente frustrada vocación de maquinista de trenes, imagino que algo influenció un respetable vecino quien ejercía ese oficio que lo hacía admirado y respetado en el barrio, también uno libraco rojo que apenas podía cargar, con el rimbombante título “La locomotora moderna”, que ilustraba una de sus paginas con una hermosa locomotora en color rojo brillante. Pienso que por eso siempre quise estar al mando de una de esas enormes maquinas y rodar entre rieles por los campos de mi isla, al parecer diseñada para ello por lo larga, estrecha y hermosa de su geografía.
De adolescente en la secundaria básica empezamos a escuchar un grupo musical holandés, Shoking Blue, cantaban en inglés y por ese motivo había que escucharlo con cierta discreción de forma que profesores y otras autoridades no se percatarán, aunque en ese caso teníamos la atenuante que no era americano, lo que si hubiese surgido el problema no resultaría con muchas consecuencias. Su éxito indudablemente era la canción "Venus", pero posteriormente salió un nuevo numero titulado "Never Marry a Railroad Man", cuya traducción al castellano es algo así como Nunca te cases con un ferroviario y no sé si por eso o su monoritmo pegajosola prefería a la titulada como diosa. Además por aquellos momentos se corrían bolas acerca de su vocalista que nunca habíamos visto, se rumoreaba que era una hermosa trigueña de ojos claros, un sueño de mujer y uno de mis compañeros se apareció un día asegurando que había leído en una revista "Cartas de España" que recibía su abuelo gallego, donde aseguraban que aquella belleza era cubana, específicamente del pueblo Guira de Melena y sus padres la habían sacado del país. Lo que nunca pudo explicar aquel adolescente excesivamente nacionalista cómo fue a dar aquella belleza a Holanda. Por mucho que intento no logro acordarme quién regó aquella bola que yo también alimenté y hasta me creí hasta hace pocos años cuando descubrí que aquella voz pertenecía en realidad a una mujer muy hermosa, Mariska Veres que así se llamó, nacida en Holanda y descendiente de una ensalada de europeos del norte, nada cercanos a nuestra criollés.
Hace poco tiempo apareció en mi vida YouTube, ahí he podido ver aquellos antiguos grupos musicales que en su tiempo por un motivo u otro fueron vedados a nuestros ojos exceptuando algunos pocos que veíamos en revistas deterioradas que pasaban de mano en mano casi clandestinamente, pero YuoTube no solo nos trajo (a los que tenemos esa posibilidad de acceder, hay muchos más que ni imaginan que pueda existir), la posibilidad de ver y escuchar grupos musicales de antaño y actualidad, también novelas, programas humorísticos, documentales, películas, fiestas de cumpleaños, manifestaciones, protestas y todo lo que alguien se le haya ocurrido almacenar en audio y vídeo para compartirlo con una buena parte de la humanidad.
Confieso que la nostalgia me asalta cuando accedo a la referida pagina y pienso en aquellos que ya no están, que nunca pudieron ver a los Rolling Stones o Los Bravos saltando en un escenario o a Joan Manuel Serrat cuando tenía pelo y ya era un poeta mayor, siento pena por los que no pueden ver cuando deseen con solo marcar su nombre a Celia Cruz, Lady Gaga, Pablo Milanés, Justin Bieber, Silvio Rodríguez, Shakira o simplemente lo que le guste. Siento pena por aquellos que en ocasiones son protagonistas de imágenes que allí aparecen y si acaso se enteran de ello por alguien que vino de afuera o que lo grabó del clandestino cable, siento y creo que en ese momento y siempre todos debemos tener la libertad de ver.
Si alguien ve por ahí a ese tipo con estructura de Quijote pinareño, por favor le dicen que lo ando buscando, porque El Flaco Esteban, ese artista-amigo, tenaz cazador de imágenes con el solo fin de amaestrarlas y entregárnosla como solo él sabe que quisiéramos verlas, se me ha perdido hace unos años, aunque en una de mis pesquisas por los vericuetos de Internet encontré una vieja foto suya de carnet de identidad en blanco y negro junto a algunas de sus obras a la venta, que me he tomado prestada para que aquí aparezcan.
Si lo ven díganle que en la pared de cualquiera de los lugares donde he vivido ha pendido desequilibradamente aquella foto que me obsequió titulándola "Despenalizados".
Recuerdo que días antes había aparecido sudado y sonriente como un niño que acababa de hacer una maldad. En su descolorida bolsa de tela escondía la reproducción del billete de un dólar a tamaño exagerado, colgando en su hombro, casi halándolo hacia adelante su cámara Nikon con película blanco y negro, tal vez marca Orwo como reliquia de un tiempo pasado negado a despenalizarse, no sé. Me contó sonriente que puso el gigantesco billete al lado de la estatua de Lennon en el parque que lleva su nombre, se situó a una distancia calculada y comenzó a tomar fotos ante la mirada alerta y combativa del guardia de turno que indudablemente imaginó que era otro ladrón, o tal vez el mismo, que venía a robarse de nuevo las gafas del despenalizado beatlle. Pero su reacción fue tardía, cuando fue a censurarle a mi amigo que consumara el delito de la creación artística, ya éste con sus huesos agiles de tanto correr tras guaguas, camiones y camellos había guardado el dólar en el zurrón descolorido al tiempo que la cámara pendía de su hombro invencible.
Eso me refirió en el recibidor del estudio de TV mientras se reconfortaba con el abrazo del aire acondicionado. Le pedí me regalara la primera foto que escapara de la ampliadora a sabiendas que así sería, sin solemnidad lo aseguró y una semana después se aparecía triunfante con la foto impresa que sintetizaba la vuelta a la cordura y de paso recordaba las consecuencias que tuvo poseer lamoneda enemigao escuchar a Los Beatlles por allá, por los años 60,70 y 80, en nuestro país.
Así que si lo ven con su inseparable cámara en bandolera, díganle que aunque no nos lo propusimos fue una especie de intercambio, él me obsequió su foto, yo un cuento y aunque estamos "chao-chao", lo reto a seguir.
"Despenalizados". Foto a una foto de Esteban E. Díaz Montesinos
"El heredero". Autor : Esteban E. Díaz Montesinos
"Dos hombres, dos historias". Autor: Estaban E. Díaz Montesinos
"Liberación de un espíritu". Autor: Esteban E. Díaz Montesinos
Un huracán, Irene (se dice los que llevan nombre de mujer son peores), amenaza a la ciudad de Nueva York, eso parecería casi insólito por la latitud en que se encuentra, pero en estos tiempos de cambios climáticos, todo o casi todo puede ocurrir aunque en verdad me parecería increíble que un meteoro de esa magnitud amenazara el territorio en que me encuentro, algo que en cierta forma se debe agradecer a los chilenos.
Con tantas noticias de amenazas, alertas, evacuaciones y precauciones siempre necesarias, que incluso desplazaron las noticias de la gloriosa huida de tiranuelo Gadaffi, decidí telefonear a los familiares que tengo allá en la Gran Manzana y por supuesto encontré un ambiente casi festivo, nada ajeno a aquellos de mi infancia cuando la voz grave de un experimentado meteorólogo nos anunciaba la inminencia de la tormenta, posible trayectoria, tiempo aproximado en llegar a la ciudad, intensidad así como precauciones a tomar. Tengo que admitirlo, para nosotros era una fiesta, tanto que el recuerdo de los huracanesque atravesaron o pasaron cerca de mi región han quedado tan marcados, que en una novela inédita hasta el momento relato de esta forma lo quesignificaba un fenómeno meteorológico de este tipo para el niño que era entonces:
… tampoco había concluido el curso escolar pero la lluvia y los vientos provocaron que suspendieran las clases para satisfacción de todos los niños. Nunca olvidaría aquellos días que se le hicieron tan cortos en aquella casona del siglo XIX, era inmensa o al menos así lo veía en esa edad donde todo es grande.
Previendo que las fuertes rachas de viento penetraran cualquier hendija por pequeña que fuese, generando un torbellino que pudiera arrancar de golpe puertas, ventanas y techos, cerraron todos los accesos al patio en que sus primos se empeñaban hacer navegar barcos plásticos y de papel en el “lago” que se formaría al verse impedida tanta agua de drenar a las cañadas o infiltrarse al interior de la tierra, tampoco podrían bañarse en el chorro que caía justo a la entrada del patio como resultado del complicado sistema de canales que recibía las lluvias que precipitaban en toda la extensión del tejado, pero aquella solución fue mucho más encantadora ya que abrieron las puertas que comunicaban una habitación con otra y por ahí pudieron correr libremente conociendo los secretos y misterios de sus habitantes mientras los alarmados mayores hacían conjeturas sobre los partes meteorológicos que a duras penas lograban captar en un radio de baterías .
El ciclón pasó rápido y sin hacer muchos estragos, sus abuelos orgullosos de que la casona no hubiera sufrido daño alguno afirmaban que no había sido nada comparado con otros que azotaron al pueblo en los años 1926 y el 1933 que eran por aquel entonces hitos de la historia de huracanes por su ferocidad y destrozos a los que sobrevivió su vivienda. Se volvieron a cerrar las puertas que comunicaban una habitación con otra y se abrieron las que conducían al patio donde aun se estancaban las aguas y en las que ya sus primos echaban a navegar toda suerte de embarcaciones.
Pero eso es solamente la visión infantil de lo que puede ser un huracán, en la realidad es algo terriblemente destructivo, un fenómeno que no sorprende pero tampoco es posible evitarlo, aunque al menos da plazos para tomar precauciones que muchas veces se quedan cortas, aun así esa familia mia demasiado habanera para ser neuyorkina y demasiado neuyorkina para ser habanera, lo ha tomado con la euforia de nuestra niñez, guardando provisiones casi gourmet como me aseguraron, pero previendo al fin a sabiendas, como no todos en esa urbe, en qué consiste. Mientras yo por acá, por el sur del continente, sigo con cierta nostalgia por los ciclones de mi niñez
A menos de 100 metros de donde vivo hay un supermercado que según publicitan es el más grande del país, lo que no he podido comprobar pues no tengo intensiones de andar por ahí midiendo estos establecimientos. Eso sí, es bien grande, con variada oferta y esmerada atención desde la entrada a la salida incluso cerca de la hora del cierre cuando cajeras y cajeros muestran sonrisas creíbles y no esas muecas espantaclientes que encontramos en otros lugaresde esta ciudad. Es un lugar agradable que cuando el calor arrecia puertas afuera en el interior los acondicionares de aire nos hacen placentera la estancia y cuando el tiempo es frio, un calorcillo nos incita a quedarnos un ratico más en sus predios…y por supuesto comprar más de lo que habíamos previsto si nos da el bolsillo. La amabilidad de las promotoras ofertando sus productos que dan para degustar es también significativa en este centro comercial que para colmo han instalado varias pantallas donde repiten por momentos secuencias de una de mis películas favoritas de Chaplin.
Como dije anteriormente vivo cerca de ese lugar (menos de 100 metros, aunque no lo he medido tampoco) y en ocasiones, sobre todo en algunas mañanas cuando me doy cuenta que la leche se agotó y el pan pasó sus mejores horas, me da pereza caminar desde mi casa hasta el referido supermercado. Uno de esos días no me quedó más remedio que recorrer el corto trecho y al poco tiempode andar fui pensando, comparando cuando allá en mi amada y lejana Habana tenía que recorrer más del doble de esa distancia (bien medida), subir una loma de apreciable pendiente y llegar a la panadería con el objetivo comprar el único pan que me otorgaban al día por la libreta de racionamiento, ese minúsculo pan mío de cada día, el "toma uno", como parodió un humorista o el "anti-pan" como lo clasificó el maestro de la risa Zumbado, mucho antes. Allá, casi llegando a la cima de la lomaestaba la panadería y la cola donde preguntábamos por “el último” y después agregábamos ¿detrás de quién va?. Si la suerte nos abandonaba (algo muy común) y no habían "sacado" pan, regresar resignado a la casa o esperar bajo el inclemente sol o el frío según la estación del año, ah y nada de sonrisa, promotora agradable o película de Chaplin, simplemente esperar sentado en algún sobreviviente banco del parque de enfrente bien alerta para que una pelota bien bateada por algún chicuelo con aspiraciones de ser Kendry Morales no te diera en la cabeza o un balón pateado por cualquier aspirante a Ronaldiño no fuera a hacer diana en nuestro cuerpo.
Por fin cuando aparecía el pan y me tocaba el turno, entregaba la libreta a lapanaderaquien automáticamente ponía algo ininteligible en el pequeño cuaderno lleno de cuadritos y denominaciones de productos, muchos en extinción, tomaba un pan que cabía totalmente en sus pequeñas manos y te lo entregaba así, apurada, sin apenas mirarte la cara por la premura de atender a quien venía detrás y a toda la cola que clamaba por salir rápido de esa cola tal vez para ir a otra.
Como el camino es corto pronto estaba en el interior del Super, esa vez cálido y como siempre agradable, con el fragmento de la película de Chaplin y un poco más allá sonando aquella canción de Arjona, tal vez por casualidad, pero que su letra nos recuerda que hay Cuba y por supuesto cubanos como una señal para que no olvidemos el pan, al anti-pan, la loma y la cola.