domingo, 15 de septiembre de 2013

Un tipo de los sesenta

La calle del parque. Foto del autor

De la serie "Pasó en el barrio" publico este cuento, cuento que fue la triste realidad de unos cuantos.


Boby es un tipo de los sesenta, aun pasea por el barrio con sus pantalones “campana”, sus botines de tacón Hollywood  y un pullover  con el símbolo de la paz cubriéndole el pecho mientras canta en voz alta ...”she loves you ye ye ye. Boby se quedó en aquellos años o mejor como dice él, regresó ya que de allí fue expulsado.
Cuando cumplió los 16 ya tocaba  el bajo con el grupo musical “Las bestias tranquilas”, junto a “Tony  Botella” y el “Pelo López” los escandalosos guitarristas  que eran secundados en la batería por Narciso “el Ringo”, un moreno bullicioso quién construyó su instrumento sin la ayuda de nadie ya que el papá de Boby quién había confeccionado el bajo y las guitarras del grupo no dio pie con bola para poder hacer su instrumento. El amplificador de su bajo lo armó su socio  “El lento”, con piezas de un viejo radio RCA y la bocina de una victrola (rokola) que suponían se había llevado Tatico del bar El Escalón, cerrado, abandonado y al borde del derrumbe hacía ya más de 2 años y que se la vendió en 2 pesos. En realidad el bajo era una joya y hasta podía “tupir” diciendo que era “yuma”, hasta tal punto que levantó una discreta envidia entre “el chivo” y Eddy “el bolo”, también bajistas de otros combos del barrio.
 Así Boby alcanzó popularidad local entre las jovencitas que lo iban a ver sábado por sábado mientras que empapado de sudor y con los dedos de la mano derecha rojos de pulsar las cuerdas cantaba melancólicamente y no sin pocos “forros”-...beacause, beacause, I love you - acompañado del casi afinado coro de los demás integrantes, que en ocasiones ni se entendía por el ruido simplemente se iba la luz. Pero realmente el "piquete" tenía sus fans que lo seguían adonde quiera que fueran a tocar, aun en localidades más alejadas como Bauta, Santa  Fé y Playa de Baracoa e incluso a la remota Santa Cruz del Norte casi en el límite este de la entonces provincia de La Habana con Matanzas.
Pero la felicidad de las fiestas, los ensayos y las aventuras amorosas se le escaparon prácticamente de golpe aquella mañana en que Germán “el bolchevique”, director de la Escuela Secundaria donde estudiaba le advirtió tajantemente - Si no te pelas, mañana no entras aquí - y a Boby no le quedó más remedio que ir a la barbería  de la esquina de la escuela y decirle al barbero - Rebájame un poco a ver si mañana me dejan entrar. Pero el pobre adolescente no sabía que existía un oscuro y taimado acuerdo entre “el bolchevique”, “orejita” el temido subteniente de policía y el sectorial de barberías y peluquerías, en el que se estipulaba que los estudiantes que fueran a pelarse en las barberías estatales (que eran todas), se les rebajaría el cabello a la altura de 2,82 centímetros sobre la altura del cuello cabelludo, tal y como se observaba que usaban en las películas los jóvenes e invencibles “konsomoles soviéticos”. Boby se entretuvo leyendo un escrito sobre la infancia de  Elvis Presley que camuflaba con la portada de una revista Verde Olivo y no se percató qué pasaba con su pelo hasta que el barbero con gesto sonriente o más bien burlón  lo invitó a que se mirara al espejo que tenía enfrente al mismo tiempo que extendía su mano derecha, vieja, huesuda y con manchas de vitíligo en espera de los ochenta centavos. Ahí fue cuando Boby  pudo ver su cara reflejada y palideció aterrado como el que acaba de ver su propio cadáver, con rabia interpeló al barbero - Pero ¿qué coño tú me hiciste en la cabeza?
       -    Mira compañerito, eso es lo que está establecido por...
       -    El coño de tu madre y no te pago ni pinga - y sin quitarse el paño  que lo cubría salió corriendo de la barbería seguido por el barbero que gritaba furioso.
       -    Ataja, se va sin pagarme y se lleva el paño.
 Aunque nadie se metió e incluso Toto, quien se la pasaba todo el día "haciendo media” fuera de la  secundaria  con sus compinmches “Cotorra” y “El Crema”le puso un traspié que lo hizo rodar ridículamente por el piso ante la risotada burlona  de los entusiastas espectadores. Pero Boby se puso de mala suerte porque al doblar como una flecha por la cafetería “El Kilo” tropezó nada menos que con el fornido subteniente “orejita” quien haciendo un alarde policial le puso una llave de estrangulamiento y una vez reducido a la obediencia lo condujo a punta de pistola Makarov a la barbería seguido por el maltrecho barbero y la multitud de curiosos que había crecido desde que comenzó el incidente.
 Sentado en el sillón donde minutos antes había sido despojado de su pelo Boby estaba muy asustado ya que de contra que el barbero lo acusaba de irse sin pagar y llevarse el mugroso paño, ahora agregaba que también le había robado la navaja que en realidad se llevó “tatico” aprovechando el corretaje, aunque por supuesto nadie dijo nada porque sabían que no podrían probarle al muchacho que había sido él. Mientras “orejita” con su mal aliento lo amenazaba con mandarlo para la cárcel de menores en 13 y Paseo o para “el lápiz” en Batabanó. Llegó el director, fue peor porqué le dio un ataque de histeria y allí mismo lo acusó de diversionismo ideológico por usar “melenita” y andar oyendo y peor aun cantando canciones en inglés de Los Beattles y todos esos músicos imperialistas junto al tal Tony Botella del cual tenía información que era agente de la CIA, al otro “burguesito” que se creía que porqué era inteligente y sacaba buenas notas podía hacerle juego al capitalismo y para colmo un negro - que si viviera en los Estados Unidos "ya se lo hubieran comido los perros".
 Así, delante de toda aquella gente que aplaudió el discurso del “bolchevique", ante la mirada amenazante de “orejita”, Boby fue expulsado de la escuela.
Un mes y medio después fue llamado al servicio militar obligatorio y partía a bordo de una rastra soviética repleta de bisoños y bien pelados reclutas uniformados de verde a una Unidad Militar de Ayuda a la Producción en la provincia de Camagüey.
Quizá para nadie fueron tan largos aquellos tres años de servicio militar que en realidad se le convirtieron en cuatro y medio ya que fue sancionado a uno y medio más por “rebelión” cuando se cortó la pequeña “moña” que le habían dejado en su rapada cabeza y el teniente lo metió en el calabozo hasta que le volviera a crecer y él se cagó en la madre del teniente delante de todos los soldados durante la información política. Pero entre guardias, poca comida y mucho trabajo, aguaceros, maniobras y órdenes, muchas órdenes el tiempo pasó y el soldado Roberto Castro, porque a nadie se le hubiera ocurrido decirle Boby, pero mucho menos nombrarlo por su apellido en la unidad, volvió a ser civil. 
Ya era el año 72 y los Beattles se habían separado, los Brincos eran otros y ni Mike Kennedy cantaba con los Bravos. John Lenon, el ”subversivo” beattle se había cortado el pelo muy bajito (como lo había hecho con el suyo aquel barbero que seguía “hijeputeando”) y andaba de “encueruso” con aquella china fea, quien según los socios más actualizados había sido la causante de la separación del adorado cuarteto. En la clandestina “dobliu” ponían a otros grupos pero ya no era lo mismo, a Boby le habían robado sus años 60. 
Su combo se desintegró cuando lo “partió” el servicio y cada cual había tomado su camino, el Pelo se metió a niño bueno yendóse a estudiar becado, a Narciso más nunca le dijeron Ringo, vendió la batería y se dedicó a hacer tatuajes y a tomar ron del malo. Tony Botella tuvo la peor suerte cuando se ahogó mientras trataba de llegar a los Estados Unidos en una balsa junto con otros del barrio que tampoco se salvaron.   
Boby se hizo un solitario hablaba poco y jamás volvió a tocar el bajo aunque siguió con su ropaje de los sesenta, su collar con el crucifijo y escuchando aquella música que intentaron tantas veces arrancar de sus oídos. La melena en realidad nunca pudo dejársela muy larga porqué era mal mirado por el sindicato, la administración y el partido de la carpintería donde trabajaba. Después se casó con Rita (una pepilla ex admiradora de su banda que con el tiempo se hizo militante de la juventud comunista) y tuvieron una niña. Fue entonces cuando ella y su familia le pidieron que dejara toda esa extravagancia y se vistiera como una persona decente. Quizás por la emoción de ser padre o por cansancio Boby guardó sus pantalones campana, sus camisas “anchotas”, sus pulóveres y sus collares con crucifijos. Se vistió con ropa "de la libreta" que vendían en la tienda y envejeció, envejeció tanto que por poco muere.
En el año 90 ya Boby era un “temba” cuando vio en una video casetera beta que había traído “el pelo” de un viaje que dio al extranjero, un concierto de Pink Floyd al pie de las ruinas de lo que fue “El Muro de Berlín”, entonces su morir se detuvo y se ensilló en sus pantalones “campana”, se puso sus collares hippies con el crucifijo grande por fuera del pullover que clamaba peace, love and free y salió a la calle que llevaba tantos años esperándolo. Mandó al carajo al sindicato, la administración y al partido de la carpintería, se dejó la melena como John Lenon antes de conocer a “la china esa” y se puso a trabajar por su cuenta haciendo guitarras eléctricas y grabando casettes de la música que nadie tenía.
Tiempo después su hija y su mujer se fueron a Miami cuando "se sacaron el bombo", pero no quiso dejar su tierra a pesar de que otros que decían que también la amaban, lo odiaron a él y lo mutilaron de una buena parte de su juventud. Aun así decidió quedarse y solo de “allá” pidió a su hija quien ya era una mujer, que le enviara música y ahora Boby sigue siendo un tipo raro, un tipo de los sesenta  que trata de mantener su melena blanca y no se pierde un “Nocturno” los miércoles para acompañar con dos palitos como hacía Narciso el Ringo, que hoy es un viejo alcohólico, sus canciones de aquella época que también intenta tararear con su voz apagada que parece renacer en esos momentos.
Algunos viejos del barrio (que en realidad tienen menos edad que él), cansados y evidentemente derrotados aunque parezcan estar de pie, murmuran que Boby fuma marihuana y ve películas pornográficas e incluso uno que dice haber sido de seguridad del estado contó en secreto que lo estaban vigilando pues se sospechaba que estaba implicado en el robo de las gafas del John Lenon del parque, las dos veces. Pero por suerte ya nadie los atiende aunque los miren atentamente e incluso hasta los aplaudan como la multitud de curiosos aplaudió al “bolchevique” muchos años antes y Boby quién recuperó aquellos” años 60  que una vez le robaron, sonríe a todo el que va a su casa a buscar música de aquella década - porqué él lo tiene todo y lo que no lo baja de internet - y atiende a todos con igual dedicación aunque nunca les ha contado a los más jóvenes porqué cruza la calle y se persigna cuando pasa frente a una barbería.

domingo, 11 de agosto de 2013

Cambiando de teatro pá bolero



 
Alberto Oliva
El pequeño apartamento de Alberto Oliva está detenido en el tiempo, como recordándonos que se ubica en un barrio de La Habana, esa hermosa ciudad que no anda, que no crece ni decrece, sino languidece.
Mientras hago un recorrido con la mirada por sus paredes, se disculpa por la humedad que las acecha, todavía prevalece el color blanco desafiando al verde del musgo que intenta adornarla. Los cuadros casi son los mismos, aquellos que le dieron alegría en los años 70 y ochenta y hoy solo sirven para resaltar la nostalgia: varios afiches, en realidad recortes de fotografías publicadas en la revista Polonia de aquellos tiempos, una foto del Che Guevara,  más adelante para tapar el vacío de otros, que me confesó que los quitó porque se cansó de creer en ellos, algún que otro recuerdo de un amigo ya alejado hace un buen tiempo. Después el andar de mi mirada se detiene en la ventana que nos separa del mundo por una reja  metálica en forma de pequeños rombos, donde el sol aun desafía los pregones de vendedores intentando a cada rato perturbar nuestra conversación.
Es enero de 2013 y la temperatura es típica del invierno habanero donde no se suda pero tampoco hay que ponerse abrigo. Para que no interrumpan la conversación Oliva conecta la contestadora automática a su teléfono, algo inútil porque su dinamismo incansable hace que no deje de atender cuanto mensaje llega de cantantes afónicos, humoristas complicados con otras presentaciones o músicos que no podrán llegar a la hora pactada para comenzar el espectáculo. Con precisa habilidad le da solución al momento, señalándome que eso es algo rutinario.
Siempre que converso con Alberto Oliva (¿quién no?) el tema principal es el teatro, indudablemente es un gran conocedor de este género, sobre todo en Cuba, donde dedicó más de 45 años de su vida como actor y productor a la prestigiosa compañía Teatro Estudio, por ese motivo comencé la conversación hablando de esa manifestación artística.

OL: ¿Cómo vez el teatro cubano en la actualidad? 
AO: Esa una pregunta algo difícil porque yo me he desvinculado un poco del teatro. Pero creo que  se está haciendo una programación variada, llena de búsqueda, de  gente joven, porque la gente joven tiene una participación en la escena y están haciendo una serie de trabajos que pueden ser  interesantes. Habría que ver hasta qué punto se consideran jóvenes  Carlos Celdrán y Raulito Martín, para mí lo son y son a mi criterio los creadores más importantes en estos tiempos del teatro en Cuba. 
Yo siempre hablo también de gente de experiencia como José Milian, se están pasando cosas muy buenas de él como “El gordo y el flaco”, Las criadas y “Esperando a Godot”,  creo que sí, que se están haciendo cosas buenas. 
El teatro cubano tiene la tradición de los buenos actores que es de lo que adolece en la actualidad, la actuación, la dirección actoral, porque la escuela de Vicente (Revuelta) ósea de Teatro Estudio, que fue también la de Roberto Blanco, Berta Martínez, Estorino y Héctor Quintero. Se nota esa ausencia, no hay  referente de grandes directores, a veces se sobrevaloran  cosas que para mí no tienen un gran significado.
También confío en Carlos Díaz porque es una gente que considero que tiene talento, mucho talento. Creo que en general  el teatro cubano tiene talento para seguir adelante y seguir haciendo lo que hace, uno no puede ponerse a pensar que si  los sesenta, que si los ochenta, estamos viviendo en otra época, en otro momento con otro concepto, con otras valorizaciones estéticas. Hoy en día hay una gran cantidad de muchachos graduados del Instituto Superior de Arte (ISA), dentro de las artes escénicas que salen y van a hacer su trabajo social y dentro de los grupos teatrales hay gente con mucho talento. El paso de los años será lo que dirá si son buenos o malos, si se pueden parar al lado de un actor como Reinaldo Miravalles, Vicente Revuelta o Roberto Blanco, de esa gran lista de actores cubanos. Creo que sí, que lo pueden lograr y lo van a hacer.
La formación de actores por parte del ISA es una fuente inagotable para el teatro, con los defectos que pueda tener, que yo pienso que son muchos sobre todo en la dicción, la pronunciación, la proyección del actor hacia afuera y el nivel actoral, hay muchos fallos, pero en fin son gente joven que se están desarrollando y tiene por delante un largo camino para lograr el objetivo que se tracen.
OL: Hace ya unos años te hice una extensa entrevista para la revista Artimaña, me hablaste mucho del teatro cubano y tu experiencia en Teatro Estudio cuando recorrieron una buena parte del mundo incluyendo Moscú, hace poco leí sobre el director ruso Yuri Luvimov, quien aun está muy activo y sé que tuviste alguna experiencia de trabajo con él, ¿me puedes hablar de eso?
De Luvimov puedo decirte poco porque su presencia en Cuba fue muy corta. Él donó casi toda la técnica de luces que se utilizaron para "Los diez días que estremecieron al mundo", supervisó lo de las columnas de luces y la cortina hecha también de luces que daban al espectáculo una magia preciosa.  
Nosotros estuvimos en El Teatro Taganka que era el lugar de trabajo de él. Aún no habían inaugurado la nueva instalación que le estaban construyendo. Tuve la oportunidad maravillosa de asistir a un ensayo de "Crimen y castigo", nunca olvidaré el derroche de imaginación y técnica utilizada en ese espectáculo apuntalada  por grandes actuaciones.
Cuando Luvimov se enteró de que Teatro Estudio estaba en Moscú tuvo la deferencia de invitarnos a un ensayo, cosa que jamás hacía. Sólo nosotros sin ningún acompañante. Nunca se me olvida el escándalo, a lo Vicente, que le dio a la primera actriz por algo que hizo durante el ensayo.
OL: Una de las curiosidades que he tenido en esta visita a La Habana es conocer cómo está la televisión, que fue uno de los medios en que más incursioné aquí, pero he tenido poco tiempo, por eso quisiera conocer un poco tu apreciación de la televisión cubana en la actualidad.
AO: No soy gente de televisión, pero buen espectador, por eso te puedo decir que la televisión cubana no está en su mejor momento porque hay un gran grado de chapucería en muchos programas que yo digo que no tienen razón de ser. Aquí se hizo muy buena televisión durante los años 50  y después durante los 80 que hubo un desarrollo creciente de la televisión, pero cuando llegó el famoso "periodo especial", eso cayó en un hueco del cual no acaba de salir. Hay mucha programación enlatada, sobre todo americana que no tengo nada en contra de ella pues es de primera línea, pero me parece que hay exceso de musicales, si hacemos un recorrido por los canales están poniendo musicales, musicales, musicales y digo si a mí no me interesan los musicales, quiero ver otra cosa.
También en este medio hay gente joven haciendo cosas interesantes, he visto cosas como programas cortos, cuentos, video clip etc. que son buenos, pero la televisión tiene que educar y entretener, pero no entretener por entretener, tiene que educar entreteniendo y el producto que presenta tiene que ser atractivo para que la gente lo consuma. Creo que se les está yendo la mano en poner cosas chabacanas y vulgares, tanto la radio como la televisión, eso se está tratando ahora de cuidar porque llegó a niveles insostenibles y ya te digo tiene que ser formativa y educativa entreteniendo.
 
Alberto Oliva y el autor
OL: Hay un dicho muy cubano que dice cambió de palo pá rumba, en tu caso yo diría cambió de teatro pá bolero, cuéntame cómo ha sido eso.
Esta nueva etapa en mi vida primeramente es una motivación económica, yo lo  hice primeramente por Héctor Quintero, que dirigía el centro de espectáculos nocturnos "Dos Gardenias" y me pidió que trabajara con él y lo hice pues éramos como hermanos. Conocí un mundo que para mí no tenía que ver con la disciplina del teatro, con el mundo del teatro, te digo que la disciplina entró a Dos Gardenias conmigo, yo llevé allí la disciplina de trabajo del teatro junto con Héctor Quintero. Me acuerdo que el primer día que llegué Héctor era el presentador y a las 11 y 25 le dije - quedan cinco minutos - y a las ocho y media le dije - es la hora de empezar- me miró y me dijo: - ohhh, pero nunca se opuso a mi estilo de trabajo. Una vez se fue de vacaciones a Miami y dijo - sé que dejo a Dos Gardenias en buenas manos porque dejo a una persona que tengo plena confianza en él.
Desde el punto de vista de mi experiencia allí, hubo una etapa que fue muy rica porque cuando yo llegué estaban Lino Borges, Fernando Álvarez, Manolo del Valle, Roberto Sánchez, María Elena Pena, Elizabeth de Gracia, Mundito González, Ela Calvo, los mejores cantantes de bolero de este país, pero desgraciadamente las cosas cambian, Héctor Quintero dejó de trabajar ahí y a mí me tocó un momento difícil  que era lo de meterse en ese proyecto desde el punto de vista artístico como productor y enfrentar, como se dice ahora, nuevas  vertientes y sacar el proyecto hacia adelante porque había caído en un hueco. Fue muy difícil y me es difícil todavía tratar de que se asimile que salvar el bolero, salvar la cultura nacional, salvar el patrimonio de la nación es muy importante, un país sin tradición no es un país y el bolero forma parte de la música cubana, como el son, la guaracha, como forman parte las creencias religiosas de las tradiciones. Creo que muchos de los problemas que tiene el país es haber acabado con las tradiciones que eran importantes en esta nación, que forman parte de su cultura. Pero en este momento lo que quiero decir es que los graves problemas míos allí, ha sido entender. Recuerdo cuando yo trataba de entenderlos a ustedes que eran mucho más jóvenes que yo, pero tenía criterios que se avenían a los criterios de ustedes y siempre he tenido esa dicha, allí en Dos Gardenias he estado trasladándole ideas a los jóvenes, enseñándoles que el bolero es importante, que la música cubana es importante y no es solo la balada, que no es solo la salsa o el regetón, que todo eso se puede hacer en su momento y lugar, pero que lo primero que hay que hacer es lo cubano, lo autóctono y me ha costado trabajo. Ayer por ejemplo hablaba con Maiko de Armas y me decía: - Oliva ya no soy el Maiko que llegué aquí hace unos  años. Pero en ocasiones tropiezo con los criterios de los boleristas clásicos, que no es que no estén de acuerdo que eso se haga, ellos están de acuerdo que sean esos jóvenes quienes lo releven.
Creo que puede haber grandes, pero no como Celia Cruz. Hay artistas que sentaron pautas como Olga Guillot, Elena Burke, Benny Moré y puede que hayan otros que puedan, llegar pero nadie sustituye a nadie, yo creo que Mundito, Manolo del Valle,  Héctor Téllez, son insustituibles, pero hace falta que surjan nuevos artistas, nuevos cantantes, por eso interesan los muchachos jóvenes. En fin yo creo que el bolero en Cuba en este momento no está bien, el ministerio de cultura está haciendo todo un gran trabajo para rescatar todo el género cubano y la cultura en general.
Yo creo que lo que ha hecho con el bolero Luis Miguel, lo que hizo ahora Eliades Ochoa, con el Granmy que le dieron por un disco de boleros, en Cuba hace mucho que los grandes boleristas no hacen un disco ni Manolo del Valle, ni Cary de Castro, que es una señora cantante, tampoco Santiago García, Debía hacerse una antología con boleros por ellos, pero con criterios más contemporáneos porque no podemos seguir tratando el bolero con una visión museable, como si fuera en los años 50, hay que hacerlo contemporalizado, como puede hacer Maiko. Coco Freman, uno de nuestros mejores cantantes, nos dijo una vez que había que desempolvar el bolero, que había que hacer un gran espectáculo, con pantallas, luces, bien llamativo.
OL: ¿Piensa en el retiro Alberto Oliva o tiene planes para el futuro?
AO: De jubilación nada, de planes muchos, entre ellos seguir trabajando como asesor en las salas teatrales Raquel Revuelta y  Adolfo Llauradó y en el Centro de Investigación con un museo de las artes escénicas que se va a crear, y en la música dar mi vida porque se salga de la mediocridad, de la chabacanería y que se trabaje con buen gusto en la música, la calidad de los textos, que se pueda volver a la canción de texto, la canción que hacía Cesar Portillo de la Luz, José Antonio Méndez, Marta Valdés. No estamos viviendo las mismas épocas, pero la vulgaridad y la chabacanería no se pueden ensalzar, hay que combatirlas, porque si las ensalzamos nunca vamos a salir del lodo.




sábado, 27 de julio de 2013

Lo que debo a Rusia

 
Cartel de la pelicula "Moscú no cree en lágrimas" de Vladímir Menshov

Buscando entre revistas, cuando niño, encontré una de mis favoritas, la de ya desde entonces prescripta Selecciones del Reader´s Digest: Era una vieja publicación de los años cuarenta donde hallé entre sus paginas un articulo titulado "Lo que no sabemos de la URSS". Mi adolescente mente, calentada por la guerra fría, no entendía que una revista "tan imperialista" pudiera mencionar las virtudes de la Unión Soviética y su pueblo. Pedí ayuda al respecto a mis mayores y las respuestas fueron diversas:- eso sería durante la Gran Guerra Patria cuando ellos eran aliados de los soviéticos -dijo el marxista; - bah los rusos lo único que saben hacer es hierro y mierda- afirmó el cerrajero de carros- mientras que el carpintero planteaba con voz calmada - no se si son buenos o malos, solo se que son comunistas.
A pesar de las diferentes opiniones desde aquel momento tuve la impresión de que los rusos no eran tan malos como lo pintaban en un bando, ni tan tiernos e ingenuos como lo imponían otros. Los rusos, que por cierto era poco más que una herejía llamarlos así por aquellos tiempos(teniamos que decirles soviéticos), eran solamente hombres y mujeres, seres humanos metidos dentro de un sistema que nos lo vendían vestidos de pantalón negro y camisa de manga larga blanca, con el cabello cortado a lo militar, heroicos y solidarios, pero sobre todo socialistas.
Aunque entre amigos mostraba mi simpatía a Robert Fisher frente a Boris Spaski en el llamado match del siglo, tenía que ocultarla frente al resto de la humanidad por temor a ser acusado de penetración ideológica a pesar de que nunca dudé de la valía de los ajedrecistas soviéticos, sin dudas los mejores. También por temor a la intolerancia, que siempre nos ronda de algún lado, ocultaba en algunos círculos de amigos mi afición por películas  rusas, perdón soviéticas, como las de Tarkovski, Kalatasov o la literatura de Tolstoi y Dostoiefki, por solo citar algunos y muy pocos ejemplos.
Más adelante cuando tuve que compartir junto a ellos, siendo yo muchas veces quien solo hablaba español y ni una gota de su idioma, entre tantos "bolos" como le decíamos a escondidas por temor a un regaño al menos, pude comprobar que eran como nosotros, solo un poquito más rubios, más toscos, y menos olorosos, pero esto último me imagino que era porque no tenían "desodorante de tubito o colonia Fiesta".
Esta “cuerda” ruso-soviética me vino a la mente cuando después de una charla con un amigo que estudió varios años en Odesa, este me pidió que escribiera para su blog (http://carlosmolinasoto.blogspot.com.es/2013/07/un-amigo-de-la-infancia-escritor-poeta.html?spref=fb) a lo que yo alegué en otro post suyo que surgió al respecto:
"Al margen de todas aquellas consignas ideológicas, Rusia, y los pueblos que antes constituyeron "ese vasto espacio para soñar y vivir", es un país inmenso no solo por su extensión territorial, sino por todo lo que ha aportado a la humanidad. El tiempo de su himno es muy corto para que quepan sus grandes hombres desde Puskin a Eisenstein, de Mijail Tal a Karpov, de Zukov a Gagarin, en fin de tantos y tantos hombres y mujeres que han sabido estar a la altura de esa nación. Aunque no la he visitado en varios de mis escritos aparecen los personajes en sus lugares reales o ficticios, ya que escuchaba tanto de ellos que los llegué a imaginar. He conocido a muchos rusos y te aseguro que ninguno de ellos ha coincidido con ese estereotipo de bárbaro despiadado que le dan algunas películas, aunque como en todo tiene que haber de los malos. En fin me gustó mucho tu publicación y una vez más ha avivado el sueño de alguna vez visitar Rusia (por cierto los cubanos no necesitamos visa para entrar a ese país), y como bien dices, en silencio homenajear a todos esos que de una forma u otra, de uno u otro lado e ideología, indudablemente han forjado esa gran nación."
Creo que debo ser justo y  decir que le debo, en alguna parte de mi formación también a Rusia, lo confieso.