miércoles, 16 de diciembre de 2020

El ideólogo y el religioso

Hace algún tiempo escribí esta historia que fue publicada en el blog de un amigo quien rápidamente se identificó con el personaje principal, cosa que no discutí pues fue esa mi intención. Hoy en medio de noticias de marionetas y manipulaciones que me hacen pensar que poco o nada ha cambiado lo leí de nuevo y decidí publicarlo en este mi blog que prometo renacer y donde tengo muchas más cosas que contar.

 

           El ideólogo y el religioso                  

Parece mentira que me hayan escogido para esta mierda, bueno ellos ni se imaginan cómo pienso, cómo me tengo que tragar toda esta basura, ellos me ven como era hace un tiempo, poco tiempo, pero me cansé de preguntarme por qué no puedo oír música americana, ni escribirle a la jevita que se me fue a Miami y ahora, cuando me estaba preparando para ser un hombre libre me llega esta “misión” de ir a enseñarle marxismo leninismo en español a Brezhnev, si ese viejo cañengo que a estas alturas no entiende ni el ruso. Lo peor o tal vez lo mejor es que también manden a Lazarito, mi compañero de estudios en el preuniversitario del Ministerio del Interior y amigo del barrio con la sagrada misión de comunicarse con Lenin, y nosotros que creíamos que ellos no sabían que Lazarito tenía hecho santo, pero qué carajo pá allá nos vamos, por tal de comer carne todos los días le hago al viejo Brezhnev hasta cuentos de relajo con Pepito de protagonista.

Lazarito está encantado con la idea, ya se lo comentó a la abuela y ella sì le mete de lleno a la santería, debían llevarla a ella, pero que va, el Laza es miembro de la juventud comunista y la vieja nunca ha querido ser ni del comité, además quien le va a quitar a mi socio toda esa ilusión de empatarse con una rubia, él siempre me criticó cuando yo andaba con aquella mulatica, todavía lo recuerdo - Oye alemán asere, el “café con leche” es riquísimo, pero una rubia es una rubia. Además otra cosa es salir del solar, Lazarito solo ha tenido dos casas, el cuarto del solar y la beca, yo en realidad he disfrutado más, aunque como él también he tenido dos casa, pero la mía está mejor, tiene baño azulejado y agua casi todo el día que para eso el viejo hizo una cisterna y puso un motorcito de esos que le dicen ladrón de agua, claro que esto ha traído problemas sobre todo con el vecino que se cree cantante de boleros morunos, por poco se van a las manos pero todo quedó en distribuir el tiempo que se pone el ladrón de agua, un rato él y otros nosotros, pero allá en Bolondia, perdón en la entrañable, solidaria y desinteresada Unión Soviética hay agua todo el día. El vecino también saldrá ganando en esta pues se librará de mi jodedera con la pelota, aunque no, porque se queda Papito, mi amigo de al lado que junto a Toto, su primo, se divierten en tirar durísimo la pelota para casa de nuestro vecino como si quisieran derrumbar la cerca de ladrillos que separa sus casa.

 

Primera vez que me subo a un avión, es un Il 62 de Aereoflot, libramos de tener que ir en barco pues vamos a una importante misión. Hicimos escala en Gander y Lazarito solo decía ¡coñó asere, mira eso!, al parecer un dirigente de algo que anda con una guayabera amarilla, lo ha mirado mal por su evidente elogio a algo capitalista, durante la escala en el aeropuerto el tipo no nos ha quitado la vista de encima, que comemierda, nosotros vamos a cumplir nuestra misión.

 

Llegamos sin dificultades a Moscú, bueno sin dificultades nosotros porque en Canadá desaparecieron cuatro o cinco pasajeros, entre ellos el tipo de la guayabera amarilla, que ahora me doy cuenta que sospechaba de nosotros lo que nosotros sospechábamos de él, aunque esto parezca un juego de palabras es así, la cosa es que cada uno sospeche del otro, menos mal que no se imaginó de nuestra misión porque si no se cagaba.

Salimos del aeropuerto, hacía tremendo frio, incluso me pasó relampagueante la idea que debimos quedarnos en Canadá, pero enseguida me acordé que allá también se mete un frio del carajo.

El baño de la casa de visitas donde nos han metido tiene un ligero olor a meao, no está muy limpio y vi sobre el tanque de la tasa un periódico Pravda, no encontré papel higiénico por ninguna parte, por suerte el Laza se llevó dos rollos nuevecitos del baño del aeropuerto de Gander. Tampoco había agua en la ducha, pero al rato la pusieron y nos pudimos bañar, menos mal que estaba bien caliente. Nos dijeron que no saliéramos después de bañarnos no fuera a ser que cogiéramos una pulmonía y aquí los médicos son un desastre, por eso me puse a escribir pero Lazarito viene por ahí y no quiero que vea lo que escribo, también él hace lo mismo cuando yo llego, ná desconfianza de todo y de todos, después sigo.

 

El tipo de la KGB dijo que tenía una sorpresa para mí, el tipo de la KGB es alto, robusto y huele mal, ósea tiene, como decimos en buen cubano tremenda peste a grajo, tiene el grajo encendío, está cortao. Habla muy alto, como si quisiera que el resto de la humanidad se enterara de lo que dice a pesar de que es muy secreto. Todo lo que dicen y lo que piensan los agentes de la KGB es muy secreto.

Me llevó por varios pasillos medio oscuros hasta que llegamos a una puerta muy ancha, tan ancha como para dejar pasar un elefante y su manada, la abrió con trabajo y solemnidad, la poca luz del pasillo entró iluminando la habitación a oscuras pero enseguida distinguí su figura enorme. Allí estaba sentada en un sofocante sofá ella, mi vecina Concha, la mulata Concha de Cocosolo, a quienes todos creíamos una chivata de poca monta, pero lo que es la vida, era una agente colaboradora de la KGB.

El agente de la KGB la presentó como la camarada Konchalova, ella también me distinguió en la semioscuridad y yo seguí sin comprender por qué coño no encendían una luz decente, pero el agente estaba absorto, emocionado con aquel encuentro de dos generaciones de revolucionarios y Concha, Konchalova o como concho de su madre se llamara, también estaba muy sorprendida pues nunca imaginó que yo, el hijo de mis padres, el amigo del peluito de la otra cuadra donde oyen música americana, pueda ser un revolucionario, un agente de los gloriosos órganos de la seguridad del estado y colaborador de la entrañable, desinteresada y solidaria KGB. En su mente  seguro respiró aliviada, ya no tendría que montar el chequeo frente a mi casa las 24 horas a ver cuándo el viejo conectaba el motorcito para subir agua al tanque, ya no tendría que insistirle al teniente orejita para que me vigilara si tenía el pelo un poco largo, yo para ella era uno de los suyos y podía entonces al regreso montar el operativo contra otras personas, claro está debía ser de la misma cuadra pues ella prácticamente no se podía mover del banquito donde se sentaba horas y horas vigilando a todo el mundo. Las otras misiones del barrio las desempeñaba Jorge, el cabezón, tan cabezón que cuando le metí una banqueta por la cabeza, el día que acusó al viejo de robar agua en plena reunión de Comité, mi banqueta se destrozó como si fuera de vidrio a pesar de estar construida por Cuco el carpintero, con caoba y puntillas del mejor acero americano 30 años antes.

Concha, no puedo decirle de otra forma, me llamó por mi nombre, claro poniendo siempre el diminutivo que tanto me jode porque me parece más hipócrita. Me acerqué y ella haciendo un gran esfuerzo se paró y me abrazó, olía tan mal como el agente, pero yo no podía dejar de fingir, me confesó que llevaba desde el primero de enero del 59 trabajando para el gobierno revolucionario, delatando a todo el que pensara diferente, como había hecho antes del 31 de diciembre del 58 cuando trabajaba para la policía del dictador Batista, como no dijo pero yo lo sé muy bien. El motivo de su estancia en aquel cuartel moscovita era un viaje de estimulo por haber llegado a 632 delaciones, un record para el barrio donde vivíamos como me aseguró el agente de la KGB.

En eso de delatar ya ella tenía mucha experiencia, dicen que no era tan gorda, que más bien era una mulata con cierto estilo, que lo suyo no fue un problema endocrino, sino de brujería porque se metió con los hijos de la gallega que eran del movimiento 26 de julio cuando la otra dictadura, la de Batista, los echó pálante con el sargento Rompehuesos, ella también le tenía echao el ojo a mi viejo, ya había comentado que sabía que escondía clandestinamente bonos del 26 y que lo iba a meter preso, pero un grupito del 26 de Marianao le entró a tiros a Rompehuesos y todo quedó ahí o más o menos ahí porque la gallega, gallega de verdad y todo era una brujera de las buenas y le metió un trabajo, no se sabe si fue por algo que comió, pero de un día para otro Concha empezó a engordar y engordar y en poco tiempo se convirtió en eso que vi hoy en un cuartel de la KGB, yo no creo mucho en eso de la brujería, pero por si acaso me cuido. No le he podido contar nada al Laza por todo esta basura de la compartimentación y el secreto, pero lo voy anotando lo más escondido que pueda porque va y algún día puedo al menos leer y recordar.

 

Brezhnev está más viejo y decrepito de lo que imaginaba, le trato de explicar la gramática castellana y sólo me mira con cara de estúpido, abre y cierra los labios constantemente y entre baba y baba deja escapar un sonido algo así como cha, cha. Creo que sus guardaespaldas lo saben e incluso sospecho que hasta se burlan de él.

Hoy el viejo estaba más lúcido, tan lúcido que sus guardaespaldas no hicieron las bromas acerca de su jefe, que creen que yo no entiendo. Nos dejaron solos y empecé con paciencia mi trabajo, lo primero que le quise enseñar fue lo primero que acostumbran a decir ellos, esa primera palabra que si no la dicen no pueden decir nada: Tovarich. Pero era inútil que pronunciara compañero, si para muchas lenguas la palabra ñ no existe, mucho menos para él que pocas podía decir, entonces decidí decirle que un sinónimo de compañero era comemierda, lo que el dirigente asimiló bien y la repetía triunfal, con esa excelente pronunciación, ese acento cubano con que le decimos comemierda a alguien que lo merece. Después fue más fácil casi todas las palabras que le enseñé al viejo era nuestras malas palabras, yendo de las peores a las menos peores pero bien indecentes, esas que se dicen bajito en el solar de Lazarito.

Sé que no hay riesgo con eso pues por los guardaespaldas me enteré que ya Brezhnev no dice sus discursos, lo paran en la plaza roja frente a un micrófono desconectado y mientras él mueve los labios soltando baba y haciendo cha, cha, un imitador de su voz va leyendo la arenga que un importante miembro del Buró Político redactó y es lo que todo el mundo escucha. Cuando hace mucho frio y el viejo empieza a temblar le ordenan al imitador que lea el final, dándole énfasis, que casi siempre termina con una frase alusiva a la invencibilidad del socialismo u otra basura de esas. También comentan los compañeros de su escolta que a veces el viejo está tan mal que usan un muñeco mandado a hacer en Japón, pero esto solo puede hacerse de noche porque los bolos no son tan comemierdas como sus colegas de Corea del Norte y se pueden dar cuenta. El imitador siempre es el mismo, una vez terminado el acto lo conducen a su celda con calefacción, le sirven una sopa caliente y algo de carne si lo hizo bien, en caso contrario un poco de té, así transcurre su miserable vida con el temor de cuando por fin muera Brezhnev lo manden a la Siberia o sea ejecutado.

 

Lazarito sí que está contento con su trabajo, hoy por la tarde me dijo - Mira asere, mi pincha es suave, me hago el que estoy hablando con el puretano ese, la momia, y quién me va a decir que eso no es así, ya escribí que dije que me dijo, que el pueblo tiene que redoblar sus esfuerzos trabajando para  superar al imperialismo yanqui, oye y pasó, todo el mundo lo creyó y aplaudieron emocionados. Me he leído parte de algunos de sus libritos y repito lo mismo, ya le cogí la vuelta no se puede hablar de mejoras, solo de sacrificio, de hambre y miseria, y echarle la culpa al capitalismo decadente. Como me sobra el tiempo me puse a mirar la cola para ver a  la momia de Lenin y conocí tremenda jeva, dice que es  una princesa de Senegal que estudia en la universidad de Lomonósov, está de lo más buena, un día de estos cuando no haga tanto frio la voy a invitar a salir, va y hasta me convierto en príncipe y todo.

 

Esto es un poco aburrido, el frio no se acaba y ya no tengo qué enseñarle a Brezhnev, mi arsenal de malas palabras se agotó y tuve que recurrir a Lazarito sin decirle para qué, pero creo que sospecha, me enseñó algunas nuevas que no son más que la combinación de algunas peores con otras peores o menos peores. Él si es muy sincero, me cuenta todo sin miedo, es muy abierto y por él mismo se que tiene relaciones con la princesa senegalesa dentro del mausoleo de Lenin. - Eso está bien oscurito asere, me recuerda al club La Red, además hay calefacción y hace poco llevé hasta una grabadorita y bailamos algunos boleritos apretaos, mi táctica para que los guardias no se den cuenta es decir a la jeva que se quede última en la cola, la escondo detrás de la cortina y en cuanto cierran le digo que me tengo que comunicar con el finado para saber cómo se sintió con tanto pueblo reconociendo sus inmortales méritos históricos y su aporte a la lucha del proletariado internacional. Los guardias bolos que le tienen su poquito de miedo a esto de la santería me dejen solo sin chistar y ahí evoluciono con mi negra, y por si acaso le cubro la cara a la momia del camarada con un trapo para que no se entere de lo que está pasando.

 

 

Estoy un poco aburrido, no hay mucho que hacer, el viejo Brezhnev solo duerme y duerme, aun dormido sigue su movimiento baboso con los labios, ya  casi ni lo llevan a los actos, usan el muñeco hecho en Japón y el imitador que cada vez se nota más desolado con eso de la enfermedad del líder, sabe que cuando muera lo más probable es que él lo acompañe al más allá, tal vez para seguir haciendo lo mismo, ya que un día le escribieron y tuvo que imitar la voz del viejo con aquello de… después de muertos somos útiles.

Voy a escribir una carta a mi amigo Papito en La Habana, para mandársela tengo que cifrarla, según un código que nos inventamos allá para hacer trampas en el dominó y que ahora nos sirve para comunicarnos evadiendo la intervención que le hacen a la correspondencia aquí y allá, sobre todo allá pues una vez en una actividad practica del instituto nos llevaron a la Unidad de La Muñeca para que apreciáramos allí el trabajo de inteligencia, de cómo se seleccionaban cuidadosamente las cartas, se daba prioridad en leerlas y hacer un informe de la que llevará información que atente contra la seguridad del estado, propaganda enemiga, diversionismo ideológico y una enorme lista de clasificación que incluye de chistes que afectan la integridad revolucionaria hasta las que contienen cuchillas de afeitar, chicles o postalitas con peloteros de las grandes ligas.

Armandón:

Brother, que razón tenías, esto es la misma mierda, sólo que más grande y con más frío, en realidad no hay libreta para comprar la comida pero a veces se pierde y hay que andar forrajeándola por la ciudad. Lo de la carne es cierto, hay un poco más pero no siempre aparece y hay que estar alerta cuando la sacan. De lo que me preguntas del agua, casi igualito a  allá, a veces la ponen y nos damos un baño rápido porque el frio es insoportable y quitan los calentadores y lo que sale por la ducha es hielo. La luz no se va, ni las guaguas están malas pero casi nadie tiene carro, es un sueño poder tener uno propio, tampoco se puede salir libremente del país a pesar de que hay mucha frontera terrestre. La ropa mi hermano, que cosa más fea, bola, así sin forma y los equipos, unas grabadoras de  cinta antiguas, aquí aún no se ha inventado el casete, los televisores son los mismos rusos que dan allá a los trabajadores de avanzada, en blanco y negro y casi siempre lo que transmiten es operas, discursos y desfiles, además de las noticias sobre los triunfos del socialismo en el mundo. Los Beatles no están prohibidos, incluso venden hasta discos de ellos.

He ido algunas veces al cine, en ocasiones ponen buenas películas pero dobladas al ruso, el otro día fui a ver una de Rafael, el cantante español y lo doblaban con un ruso que se preocupaba por hablar lo más tosco posible, si Rafael ve eso se desmaya.

La mayoría de las bolas están buenas y hay por tongas, en las fiestas son las mujeres quienes invitan a bailar y no hay que hablar mucho para conquistarlas, además casi ni nos entienden, es un mito eso de que no se dejan… hacen de todo igual que las cubanas, lo malo es que algunas no se afeitan el sobaco aunque eso se le enseña.

La policía aquí le dicen la milicia, no anda pidiendo tantos papeles como hace orejita y  los suyos, pero la gente le tiene cierto temor, además no se esconden para darle un pescozón a cualquiera, a lo que le tienen mucho miedo es a la KGB, por suerte esos son mis compañeros y aunque desconfiamos uno de los otros, nos llevamos bien.

Lazarito está bien, nada de rubia, se empató con una más prieta que él, creo que es una princesa de Senegal, muy linda y está bien metido con ella, le va bien en su pincha que no te puedo decir en qué consiste al igual que la mía. Nos dijeron que en el próximo curso podemos ingresar en la universidad aunque tenemos que continuar la misión que nos asignaron, yo pienso estudiar física y el Laza dice que quiere estudiar cultura africana, no sé qué le dio, pero allá él.

Saluda a la gente del barrio, y escribe mi socio, acuérdate, en el código que usamos para hacerle trampa al gordo Delfín en el dominó. Un abrazo

Tu amigo

 

P.D. Gracias por los pomos de colonia Fiesta que me mandaste y los desodorantes de tubo, aquí no hay eso y nosotros no podemos andar apestando.

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A veces ni quisiera escuchar los cuentos de Lazarito, ayer me contó que para matar el tedio del tiempo que tiene que estar junto a Lenin para comunicarse con su espíritu y le transmita orientaciones para las nuevas generaciones de revolucionarios, cuando no puede meter a la senegalesa en el mausoleo se dedica disfrazar al líder del proletariado mundial de lo que se le ocurra, lo ha disfrazado de Mick Jagger e incluso le puso una peluca, otro día le puso ropa de mujer, lo ha disfrazado según me cuenta, de Pello el Afrokan, de Fidel Castro con barba y todo y hasta de Richard Nixon, asegurándome que se daba un increíble aire  a este último, mil veces le he advertido que si lo cogen en esa gracia lo va a pasar muy mal, pero se ríe mostrando sus dientes blancos, asegurándome que cuando él no está los guardias hacen cosas peores.

A veces nos llevan a la Lomonósov para que nos vayamos familiarizando con al ambiente universitario, para que  nos adaptemos a como hablan los demás estudiantes y ensayar si hay alguna opinión adversa para informarlo, en esos menesteres conocí a Dolores Zaldívar. Dolores es panameña, hija de Manolo Zaldívar, un líder obrero que según me cuenta ella tiene temor porque con la entrega del canal al gobierno no sabe a qué dedicarse, ya que lo único que sabe hacer es organizar huelgas y clamar por la devolución de dicho paso marítimo. Pero ella es maravillosa y muy bella, me encanta esa jeva. El otro día la invité a salir, fuimos al cine a ver una película de la India, de esas que cuando le disparan a un personaje el tiro suena después que ya está en el piso ensangrentado con puré de tomate, pero era una historia muy bonita aunque ya ni me acuerdo, después la dejé en la universidad donde vive porque no me alcanza el dinero para irnos a un hotel. Lazarito me dijo que me prestaba el mausoleo para que me metiera con ella allí, por supuesto no acepté, me da cosas hacer el amor con Dolores frente a la momia de Lenin aunque le tape la cara, por suerte Dolores tiene un horario coordinado con sus compañeras de cuarto en el cual podemos estar solos.

Para mi mala suerte el horario que le toca a Dolores estar sola coincide con el de mis clases de marxismo en español al camarada Brezhnev, pensé que no lo podría lograr pero apareció Lazarito con sus ideas brillantes, me propuso disfrazarse de mí y quedarse con Brezhnev, pero deseché esa idea al momento, después le dije que hablaría con la escolta, en fin de cuentas ya el líder ni oía, ni hablaba, era un vegetal que solo movía interminablemente sus labios emitiendo un cha cha, cada vez menos audible.

Fue maravilloso aquel encuentro con la panameña Dolores, hubo de todo como diría un amigo del barrio. Nunca me había sentido así, pero la felicidad no es eterna y al llegar al Kremlin fue el problema, Lazarito estaba más blanco que un litro de leche, sus ojos parecían querer escapar de sus orbitas. Por mi parte ni me inmuté, todo estaba igual que siempre, Brezhnev con el uniforme de mariscal de la Unión Soviética y sus decenas de medallas, acostado en su cama de primer secretario del partido comunista, los guardias afuera bebiendo vodka y jugando cartas, entonces imaginé que podía haber cometido la osadía de meter a la senegalesa allí y le pregunté, lo negó con la cabeza y sin hablar me señalo a Brezhnev, entonces me di cuenta que no respiraba y  que el cha cha de sus labios al chocar uno con otro más el efecto de la baba que brotaba había cesado.

-         Se partió asere, ahora estamos embarcaos ¿Qué hacemos?

-        Vamos a avisar

-        Que va, y si nos echan la culpa de haberlo matado, y yo aquí sin comerla ni beberla, acuérdate que siempre el primero en cargar con la culpa es el negro.

-        Espera, vamos a pensar qué hacemos, pero lo que si no se pueden enterar es que te dejé solo con él.

-        Tengo una idea, cuando los escoltas se duerman porque están tomando vodka como locos y en cualquier momento se caen, lo sacamos y lo llevamos por el pasillo secreto al mausoleo y lo ponemos con el otro viejo, total nadie se va a dar cuenta y si se dan cuenta le ahorramos trabajo porque eso seguro van a hacer.

Por supuesto que no le hice caso a Lazarito, hablé con el jefe de la escolta quien antes de caer dormido de la borrachera le dio vueltas a la manigueta de un teléfono empotrado en la pared, del otro lado una voz como esperando la noticia preguntó:

-        ¿Ya?

-        Si - solo atiné a decir, en ruso por supuesto.

-        ¡Ya! - grito con aire de felicidad la misma voz que me atendió – Hurra Yuri, felicidades.

Lazarito y yo, saltando sobre los cuerpos ebrios de los escoltas salimos tranquilamente, al llegar a nuestra habitación pusimos la televisión donde anunciaban con lujo de detalles acerca de la creación de un comité organizador de los funerales del camarada Leonid Ilich Brezhnev, que iba a estar presidida por el camarada Yuri Andrópov.

 

Mi misión no cambió en nada y una vez Andrópov posesionado en el poder se me encomendó continuar mi misión de profesor de marxismo leninismo en idioma español al primer secretario del PCUS, creo que ahora es más fácil pues Yuri, como prefiere que le diga, no está muy familiarizado con eso del socialismo real, ni de andar gritando consignas bajo en frio inclemente de la Plaza Roja, su política más bien es…el whisky, el vodka, el tequila y el champan, en sus conversaciones conmigo me ha confesado que ama al pueblo soviético y el pueblo soviético ama el alcohol, por lo que tiene en proyecto un decreto supremo en el cual se proclame una rebaja significativa en el precio de las bebidas alcohólicas. Su sueño, me confesó aquel día que le regalé una botella de Habana Club que traje de La Habana y nunca la abrí a pesar de los ruegos de Lazarito, era que fuera recordado por su pueblo como un benefactor y que en su honor nombraran a algún tipo de vodka con la marca Andrópov.

Nos dio un amplio apartamento para vivir, aunque a veces mi amigo prefería estar con su princesa africana en el mausoleo del líder del proletariado mundial, ya que según la opinión de ambos eso le resultaba más excitante, yo por mi parte ya no tengo mucho que enseñarle a Yuri, se sabe las peores palabrotas en ruso y dice que su tiempo es tan corto que no lo puede perder aprendiendo marxismo leninismo en español cuando apenas lo entiende en ruso.

 

Aunque no babeaba ni mostraba los síntomas de senilidad que siempre ostentó Brezhnev, Yuri se nos fue en un dos por tres, han nombrado en su cargo a otro viejo más cañengo aún, se llama Chernenko y no sé si querrá mantenerme en el cargo de profesor de marxismo leninismo en español para el primer secretario del PCUS.

 

Lazarito está raro, no sé, el otro día tumbó la urna donde tienen a Lenin, de milagro no se rompió el cristal pero pasó tremendo susto aunque pudo ponerlo todo en orden y meter el cuerpo amarillento del líder en su lugar, me contó al oído que al tipo le faltan los pies que nada más está de la cintura para arriba como se ve por el público, me dijo también que cree que era enano. Me aseguró que más nunca volvería a hacerlo en el mausoleo.

 

Esto está malo, hay tremenda gritería en el Kremlin, no tuve ni tiempo de darle tres lecciones  a Chernenko y ya se murió también, no obstante pude enseñarle a decir mierda, comemierda y otras cosas peores, este desde que empezó a ejercer ya estaba en el trámite del pasaje para el otro mundo. Me han llegado comentarios de que los viejos quieren sustituir a Chernenko y los más jóvenes que no, que solo duran unos meses, pero los viejos no quieren ceder por temor a nuevas ideas aunque hay uno que parece transar y dicen que propuso a Mijaíl que será digno seguidor de las políticas de sus antecesores, Mijail a quien en secreto le digo Miguelito es un calvo con una mancha en la cabeza que tiene una mujer muy elegante, un día me preguntó si yo sabía inglés, debí haberlo informado pero no estoy eso, estoy para mi panameña y para la física en Lomonósov.

 

Lazarito la hizo, se perdió, dicen que desertó, con la princesa de Senegal que ya se había graduado. Desde hace una semana no se sabe de él, pero lo peor no es eso sino que le arrancó el dedo índice derecho a la momia de Lenin, eso es una afrenta a la historia según dicen los de la KGB, porque ese dedo es histórico, ha sido el dedo con que el líder del proletariado mundial ha señalado al capitalismo decadente durante todo este siglo, sin ese dedo Lenin no es nada. Sé que están haciendo contactos con una fábrica de juguetes en Japón, para hacer un dedo similar, de todas formas no será lo mismo.

 

Me han interrogado varias veces acerca de la fuga de Lazarito, no le puedo decir nada porque no se en realidad, también están investigando que desde que yo llegué prácticamente se han muerto uno tras otros los primeros secretarios del PCUS, no me gusta esto, todavía puedo andar libremente por la calle pero sé que me vigilan, a Dolores también la han interrogado.

 

Cuando pensé que iría preso y deportado a Cuba acusado de traición, Miguelito Gorbachov, quien resultó electo primer secretario del PCUS intercedió por mí, ahora le enseño boleros cubanos, colombianos y mexicanos en español que le gustan mucho y dice que de esa forma podrá profundizar las relaciones con América Latina.

Poco antes de la posesión de Miguelito, publicaron en Pravda la noticia que Lazarito había muerto en combate en una selva africana luchando por la liberación de ese continente, no creo nada de eso.

 

Miguelito tiene buenas ideas pero no pude esperar más. Lo que he visto hoy me ha impresionado, mi suegro Zaldívar, ahora un empresario panameño me ha llevado a ver el canal de Panamá, es increíble apreciar como los Océanos Atlántico y Pacifico pueden estar unidos gracias a la acción del hombre ¿qué cosa no seremos capaces de hacer si tenemos la libertad de hacerlas?

 

Epilogo

Dolores trajo a la casa una revista de farándula, a ella le encanta leer sobre la vida de la nobleza europea, parece que ahora también publican de la africana, que también existe. Vi una foto en la pagina central donde un príncipe senegalés pasea en un Ferrari por París, su cara me resulta más que conocida, su sonrisa mostrando los dientes blancos no tiene comparación, el referido príncipe lleva una cadena de oro al cuello de donde pende un dedo índice amarillento.

 

 

 

 

martes, 1 de diciembre de 2020

2020

Termina 2020 y yo casi tres años sin escribir nada. 20202, año bisiesto como este blog, como el año en que nací, 2020 un año que tal vez no se iguale en este siglo en cuanto a dificultades. Un año que despertó con la amenaza del COVID 19 y par de meses después esa amenaza se consumó regando el mundo de contagios y fallecimientos.
¿Qué escribir de este año que no se haya escrito?¿Cuántos planes pospuestos por la humanidad? 
Pienso que por los que no llegaron, nosotros los que estamos aquí solo necesitamos mirar hacia adelante y decir -vamos a seguir, ganaremos.

viernes, 29 de septiembre de 2017

Un perro habanero

Hace ya 20 años hice una película que titulé "Un perro habanero", ayer la volví a ver y recordé aquellos tiempos duramente inhumanos, tiempos en que nos faltaba casi todo, el agua, la luz, la comida, el transporte. Aquello que irónicamente titularon Periodo Especial, tal vez para reírse de nuestros sufrimientos. Pero lo que no faltó, lo que no pudieron racionar o quitar fueron las ansias y el deseo de superarnos, de seguir creando. 
Cambiamos bicicleta por masa corporal y todos nos veíamos flacos, demacrados, muy ceca de aquellas imágenes de los campos de concentración nazi, pero no nos pudieron racionar el amor y las ganas de hacer aunque fuera a escondidas. Así surgió la idea de mi pequeña película. 
Recuerdo que fue una tarde, a mi regreso del trabajo en aquella productora audiovisual donde nos debatíamos entre carencias de recursos y ganas de hacer. Ese día como acostumbraba, pasé por el Circulo Infantil (guardería), a buscar a mis entonces pequeños hijos. La niña adelante en un improvisado asientico y el varón detrás, sobre la parrilla de mi pesada bicicleta china marca Forever, y vaya con las ironías. Aquel día no bajé del vehículo en la loma arriba, pedalee con en afán  de llegar los más pronto posible a casa (otra ironía), no hice más que llegar y sentado en la cama de la sala, comedor, cuarto y a veces baño escribí de un golpe las secuencias de lo que sería mi peliculita.
Al día siguiente se lo mostré a mi equipo pero todos concordamos que sería imposible materializar aquella locura con los equipos de la productora estatal, así que busqué una cámara VHS prestada y nos dimos a la aventura de realizarla. Aquello que no sería algo más que una sucesión de escenas donde un tipo huía de la realidad en colores para entrar en sus sueños en blanco y negro, además de homenajear a mi manera algunos clásicos de la cinematografía mundial y la primera película cubana que se conservaba. 
Quise en 7 escasos minutos, reflejar la pobreza, la marginalidad, la vigilancia a que estábamos sometidos, el encierro, el sentirnos como marionetas que tiraban unos hilos. Un mundo donde se empezó a ir para atrás expresado en un surrealismo que no era tal pues era nuestra dura realidad de sentirnos una especie de perros callejeros que no valíamos nada. 
Por aquel entonces el audiovisual y la literatura se saturaban del cubano que no podía viajar al extranjero, entrar a un hotel o comprar en una tienda. En mi caso solo quise reflejar como se sentía aquel hombre inmerso en aquella realidad.
Han pasado 20 años, he padecido de calores sofocantes, lluvias y nevadas, he vuelto a recuperar mi peso e incluso más, pero las heridas de aquella época, que creí cerradas, volvieron a abrirse  mientras volvía a ver Un perro habanero.



miércoles, 23 de agosto de 2017

EL SALVAVIDA



Si alguna vez quise ser torero también alguna vez se me ocurrió ser el salvavida, sí, uno de esos tipos fuertes a base de pesas, dorados de sol de la playa y rubios también a causa de tanto tiempo estar sometido al astro rey. Rodeado por esculturales mujeres en bikini, acechando desde su trono en alto al mar para ver si alguien estaba en peligro de ahogarse y salir en su auxilio con inusitada agilidad cruzando el trozo de mar que lo separaba de la víctima de un calambre, la montadura de un tendón o la expulsión mar afuera por la traicionera resaca.
De pequeño los veía inmensos, silbato al cuello presto a alertar o regañar a las intrusos que no respetaban las banderillas cuidadosamente colocadas indicando hasta donde podían bañarse sin peligro, o simplemente si en ese día por la furia de las olas, simplemente tenían que contentarse con descansar sobre la arena y dejar lo de meterse al agua para otra ocasión.
Tal vez por tanto tiempo desmareado, que no es lo mismo que desterrado pero se parece bastante, porque viví en un hermoso lugar que solo le faltaba el mar, olvidé mi vocación de salvavida, mi sueño de hacer pesas como un condenado, llenarme de músculos y subirme a la altura de la silla atisbando un posible rescate, aunque no fuera de una linda chica, en fin de  cuenta en el público curioso siempre habrían unas cuantas admirándome como héroe y deseando ser la victima a quien le diera respiración artificial boca a boca hasta hacerla revivir como en una película .
Hoy en la playa mientras veía a el salvavida, no tan musculoso, ni rubio (que raro), en su trono con los brazos extendidos a todo lo ancho del espaldar de su silla, atisbando a los imprudentes bañistas que amenazaban irse a lo hondo desobedeciendo órdenes y banderas rojas (debían cambiarles el color porque esas dan ganas de jamás obedecerlas), pensé que esa profesión, por mí casi olvidada, es de las que nunca desaparecerán por mucha tecnología que aparezca. No imagino un robot sentado mientras cámaras de alta resolución observan presagiando el peligro, para cuando detecten a alguien ahogándose o en situación peligrosa enviar una señal a la computadora que inmediatamente remita al robot que convertido en veloz embarcación va en busca de la víctima, alzándola mecánicamente de las olas con brazos hidráulicos, para conducirla a la arena y allí con mangueras flexibles suministrarle oxígeno artificial para revivirla. Sería una terrible imagen, nada romántica y con poco viso de héroe, creo que nunca funcionaria y nadie de los presentes envidiaría ser la persona rescatada. 
Así pasó de pronto asaltó a mi memoria la efímera vocación de salvavida que creo cambié poco después por la de maquinista de tren, pero ya esa es otra historia, ahora estoy cerca del mar y eso es fantástico.

domingo, 21 de mayo de 2017

De héroes y fantasmas


Donde hay fantasmas hay hombres también, tal vez lo hubiera pensado, pero así no fue.
En una de esas treguas que nos dio la lluvia de una semana plena de precipitaciones caminaba por Prospec Park en Brooklyn, ya para esta época del año el frío aunque hace resistencia comienza a ceder ante la primavera que con su paso lento va haciendo su aparición. Por eso ya había mucha gente en bicicleta, trotando, caminando o simplemente paseando mientras aprovechaban un poco de buen sol en la piel.
Mi celular sonó y me llegó la voz de un amigo desde la antípoda, por allá en Bolivia donde hasta unos meses yo decía lo mismo que ahora, pero de acá. Como preví que la conversación sería larga, pues siempre me pone al corriente de todo lo ocurrido por allá, así que me dirigí en busca de un lugar donde sentarme. 
Mientras caminaba entre las tarimas de los agricultores que ya publicitaban sus productos orgánicos, encontré un banco solitario donde daba directamente el generoso sol, en el cual me dispuse a descansar mientras terminaba la prolongada conferencia telefónica.
Una vez terminada la conversación guardé el teléfono en un bolsillo del abrigo, sentí una voz a mi lado que en español, pero con un ligero acento norteño me preguntó - ¿cubano eh? - respondí entre temeroso, desconfiado y sorprendido pues no me había percatado en qué momento llegó y se sentó aquel hombre joven, alto y rubio vestido de una forma absurda que ni sabía en qué consistía su absurdo. Al parecer hasta me había escuchado hablar, supongo, que fue por mi acento que adivinó mi nacionalidad, aunque reconozco que no es tan marcado como para que un extranjero lo adivine. Saqué media sonrisa mientras respondí afirmativamente. El hombre me tendió su mano derecha, fría, delgada y con una pequeña cicatriz  - Enrique - me dijo - Bueno...Henry, aunque en Cuba todos me decían Enrique.
Estreché su mano y retiré rápidamente la mía poniéndola en el bolsillo del abrigo aunque no había frío como para eso. Enrique se mantuvo en silencio, tuve ganas de despedirme, levantarme e irme pero la curiosidad, siempre la curiosidad - ¿has estado en Cuba? - Sí, como 9 años - ¿En la Habana? - pregunté y de paso hice mi publicidad para que supiera que soy de la capital - No,  que va, llegué por Las Villas y me mataron en Camaguey 
- Ahora sí, lo que me faltaba, me tocó un loco, tengo que irme de aquí.
El hombre me miró adivinando mi sentir y tranquilamente  me pidió con un gesto que no me fuera - quédate, te lo explico, me escuchas y si quieres después te marchas o mejor regreso de donde vine.
Lo miré y sin saber por qué, no sentí miedo, sonrió - me llamo como te dije Henry, Henry Reeves y fui brigadier general del Ejercito Libertador de Cuba, caí en combate.
- Conozco la historia de El Inglesito - dije como si aquel desconocido fuera en verdad quien decía - precisamente pensaba investigar dónde había nacido y vivido su infancia y ver si hay algún monumento en su honor.
- Nací aquí mismo en Brooklyn, claro compay en ese tiempo no había teléfonos celulares, ni guaguas, ni autos. Me fui a Cuba por el deseo de aventura de la juventud, pero allá conocí tipos duros, valientes y cultos, ah el Mayor General Agramonte, Sanguily y el jefe, bueno el jefe no era cubano, pero que tipo ese, cada vez que yo hacía una travesura me decía - te estas contagiando con los cubanos, igualito que yo que lo único que me falta es hablar gritando.
- No todos hablamos gritando - repliqué tratando de creerme que le seguía la corriente aunque realmente a cada momento me convencía que de verdad hablaba con El Inglesito - No se haga compay, jajaja - se rió todo lo alto que pudo, como un cubano o alguien que aprendió bien de los cubanos. Miré, a mí alrededor pasaban algunas personas pero nadie reparó en aquel tipo vestido tan raro, riendo como demente o como cubano que es lo mismo, además nadie mira a nadie aunque tenga el cabello de muchos colores, ande en carriola tranquilamente con 70 años en las costillas, haga flexiones, dé dos pasos y vuelva a hacer flexiones, mejor dicho planchas. La gente que pasa por aquí se viste y actúa como le da su gana y nadie repara en ello -  bueno, esto es New York - pensé.
- ¿Es verdad, eso que te tirabas frente a las balas? - dije por preguntar algo - Claro compay, de aquellos mambises no solo se aprendía a reírse, hacer chistes, hablar alto, y llegar tarde, también aprendí a no cogerle miedo a las balas y dar machete, con los cubanos y con el general que no lo era, pero que al fin lo era, aprendí mucho en poco tiempo…y con las cubanas…pa qué le cuento, jajaja - y volvió a reírse estruendosamente.
- Y…Reeves - le dije con mi mejor acento de periodista, asumiendo que podía ser en verdad aquel histórico general del Ejército Libertador de Cuba - si estás muerto ¿cómo fue que pudiste llegar aquí? - se puso serio, como si recordara algo que le doliera - Ni siquiera vivo hubiera podido llegar, ya sabes camará, los españoles me jodieron las piernas. Yo no llegué aquí, es tu pensamiento el que está donde me encuentro. En aquel momento me di cuenta  que El Inglesito Henry Reeves, el héroe norteamericano de las guerra de independencia de mi país estaba a mi lado, o mejor, yo al suyo a pesar de que no había podido investigar en qué calle nació, ni si había un monumento a su memoria. Pero, qué memoria, monumento ni un carajo si estaba ahí, materializado a mi lado como en una película de Tarkovki, sonriente como si hubiéramos sido vecinos toda una vida o toda una muerte.

De pronto temí que se fuera, que no tuviera tiempo de hacerle tantas preguntas y presentí que aquel momento mágico estaba llegando a su fin. Miré sus ojos claros y brillantes, me volvió a extender su mano blanca, delgada, con una cicatriz  y que ahora sentí cálida. Me regaló su sonrisa adivinando una de mis preocupaciones del momento - y no te preocupes, si yo aprendí a hablar español con los cubanos a ti te será más fácil hablar inglés 
- Gracias - le dije desde lo más hondo de mi corazón. Cuando retiré mi mano, ya no estaba.

miércoles, 26 de abril de 2017

Aquella Luna de quien no me despedí

"Sol"
Siempre ando despidiéndome, esta vez no fue de muchos. Mi partida y sobre todo mi destino no me permitían andar con explicaciones. Allá quedó ella, como una vez le llamé y le gustó, “mi musa discreta”, la de los ojos hermosos, la de tanta ternura reprimida, la que me sedujo en su tristeza. No la he vuelto a ver, no he sabido de ella ni ella de mí. Simplemente no me despedí, aunque aquella noche en que le acompañé a coger un bus imaginé que podía ser la última entre nosotros. Aún la recuerdo apurada y torpe sobre aquellos zapatos con que intentaba aumentar su estatura. Se fue rápido, sin un beso, sin poder decirle que cuando llegara el verano tal vez me iría para siempre y que no tendría cerca a alguien quien sabía que la quería aunque no pudiera tenerla.
Todo empezó hacía ya más de dos años, la veía pero no la miraba, todavía me lo reprocho, me siento culpable. Había mucha mujer hermosa frente  mí en aquellas tres horas cada jueves en la noche. Estaba la tatuadora, hermosa, joven y coqueta. Aquella  otra que siempre se sentaba adelante y me habló de su esposo (oh Federico G. L. al menos al gitano de tu poesía le mintieron con eso de que era mozuela), la misma quien me llevó un poema de Neruda, el número 1 exactamente, para que lo leyera en público. Me negué, me pareció demasiado erótico y me expresó que entonces se lo leyera solo a ella. No lo hice. Estaba también aquella joven de cabello rizado y pronunciado escote que asumí seductor, provocativo; las tres rubias, una de ellas seria, altiva y callada, la morena de sonrisa permanente, la de rasgos asiáticos y andar que parecía flotar. Todas tan hermosas, capaces de absorber la atención de cualquier mortal del género masculino, o ser admiradas y hasta envidiadas por alguna que otra del suyo propio. Todas ellas frente a mí, un solitario, taciturno, escribidor de poesías a nadie.
Una noche se sentó adelante, había llovido. Vestía de negro, calzaba botas de rockera y pude descubrir que lucía aros en los dientes superiores. Esa noche también descubrí su mirada triste. Fue aquella ocasión cuando  habló, fue adelante, se sentó frente a todos muy dispuesta, desafiante, y respondió a las preguntas que hizo el resto de los participantes, no sé si con sinceridad, pero me gustó. 
Pasaron otros jueves, calurosos, largos y nostálgicos para mí en aquella nueva etapa donde volvía a acostumbrarme a estar solo. Aunque ya no tan solo, sin querer una luna llena rondaba mi vida y cada día la esperaba viéndola llegar cansada, con aquella mirada llena de nostalgia, de algún dolor oculto que siempre me negó.
Un día nos encontramos solos, nadie nos miraba y le confesé que empezaba a sentir algo hermoso por ella. No se sorprendió, no me rechazó, me dijo que lo esperaba, lo comprendía, que no me sintiera mal por eso. A partir de ese momento fui de ella, aunque ella o una parte de ella no fuera mía. 
Disfrutábamos cada momento que nos tocó. Yo me apuraba y terminaba antes para tenerla a mi lado unos minutos. Ella en ocasiones no iba a su clase y entraba en la mía, se sentaba a veces adelante, a veces detrás y yo notaba que me miraba y no sabía qué hacer, los demás se daban cuenta, no me importaba porque mi mundo era ella, con su mirada triste, con sus hierritos en los dientes para enderezarlos o acomodarlos, no sé, como quiera era bella para mí, con la faja innecesaria apretando su vientre para tal vez darle más gracia a su figura, con sus dos nombres indescifrables que aunque en algún momento traté de articularlos, siempre la pensé como Luna.
Recuerdo una de aquellas tantas noches. Como siempre trataba de terminar mis clases temprano y ella si lo hacía también buscaba algún pretexto para esperar a que yo terminara cuando no era jueves y disfrutar de un hermoso y fugaz instante para vernos, conversar, comernos mirada a mirada. Yo le dije que la amaba y ella me dijo que aunque no podía también lo hacía, y hablamos cosas sin coherencia y ella me miraba mientras ocultaba mis poemas entre sus cuadernos, mis tantos poemas para ella. Le llamaron apremiante, tuvo que marcharse rápido, yo  quedé parado, petrificado, mi mente, mi cuerpo y mi vida esa noche estaban poseídos por Luna. No quería que nadie me hablara, que nadie me mirara, no ver nada ni nadie que la pudiera apartar de mi mente en aquel momento.

Salí, anduve por las calles oscuras, peligrosas, sin miedo pues ella iba conmigo muy adentro. No sé cómo llegué a mi casa, en pocos minutos llegué y me dormí con ella sintiéndola en el interior de mi alma.
El día siguiente, desde las seis de la tarde ya andaban mis piruetas para verla, pasar  con adolescente "casualidad" por donde creía que debía estar, o ella ir por donde yo frecuentaba. La vi mirar, buscándome a través del cristal y cuando nos encontrábamos ya sus ojos no eran tan tristes. Esa noche le conté a Luna todo lo que me pasó el día anterior, ella sonriente y sorprendida me dijo que también le había ocurrido lo mismo, igual.
No me despedí y no sé si lo lamento, alumbró mi vida a pesar de que pocas veces pudimos estar juntos y escasas solos, conservo copia de todo lo que le escribí a ella y atesoro todo lo que ella escribió para mi, incluyendo aquella primera carta donde comencé a descubrirla, a soñarla.
No me despedí y es casi imposible que nos volvamos a ver. El tiempo borra muchas cosas, adelgaza el amor. Aun así sus ojos llenos de tristeza, su cuerpo menudo, su afán de poeta y su ternura oculta a tantos ojos y enclaustrada por un dueño, siguen conmigo.   

                                                                  
Duele
 que pases por mi lado
con la mirada esquiva
oculta en ese viento
donde no estoy.
Duele
sentir lo duro de tu silencio
callando gritos
negando besos.
Duele
Porque eres tú
mi musa discreta
extraviada en laberintos
sin encontrar arcoíris.
Duele
Porque tu llanto
no figura en mis deseos
y sí tu risa
me moldea el corazón.
Duele
mucho
cuando mis ojos buscan tu mirada
y sólo pueden ir
 hacia ese vacío
donde escondemos el amor


jueves, 23 de marzo de 2017

New York


                             
Hay anhelos que se convierten en deseos, deseos que se convierten en sueños y sueños que pueden convertirse en realidad o en frustración, aunque ese último término debe estar siempre en lo más profundo del cajón de las cosas inútiles y por delante de todo los sueños y los propósitos.   
Un día soñé que iba a New York. No me atreví a contárselo a nadie por muchos motivos y entre esos motivos estaba que me acusaran del dichoso diversionísmo ideológico o cuando menos se rieran en mi cara ya que por aquel entonces hasta viajar dentro de mi país era algo quimérico. 
La imagen de New York solo nos llegaba por aquel entonces a través de películas y fotos antiguas, así conocí al King Kong de los años 30 y El Padrino en un libro que casi en clandestinidad nos pasábamos de mano en mano con la condición de leerlo en pocas horas. También por las noticias, casi siempre malas noticias de drogas, crímenes y asaltos, alguna que otra leyenda urbana de vengadores anónimos o el popular Pedro Navajas y en la lejanía Sinatra cantando New York, New York. Pero el tiempo poco a poco fue tumbando barreras y de cierta forma amando mi sueño terminé en un platónico amor por la Gran Manzana. 
Nunca olvidaré aquella mañana de lunes donde quisieron quebrarla, aterrorizarla, herirla de muerte y como con el dolor de un amante por su ultrajada amada tuve algunas pequeñas escaramuzas con personas que sintieron alegría o simplemente intentaban justificar el cruento acto de terrorismo de aquel septiembre 11 casi empezando el siglo.
Hoy puedo decirle a Calderón de la Barca que no siempre los sueños, sueños son, sino que también es posible realizarlos con un poquito de perseverancia y empeño, por eso hoy caminé por el asfalto de la jungla, por la capital del mundo, por la ciudad de New York.